miércoles, 22 de agosto de 2012


Capítulo 1

Los minutos pasaban muy lentos mientras esperaba en la oficina del director. Lo único que se escuchaba era el “tick tock” del reloj y sinceramente ya no lo aguantaba. Estaba a punto de agarrarlo y tirarlo por la ventana. Son las 12:57. Llevo veinte minutos aquí. ¿Quién se cree el director que es, para dejarme esperando veinte minutos. Tomé mis cosas decidida a irme cuando una voz me detuvo.
-¿Adónde cree que va, señorita _______?
-Pues ¿adónde más? A buscarlo.
-Solo me fui cinco minutos.
-AAAAAAAY AHA. No te hagas, George-así se llamaba el director-fueron veinte minutos-lo fulminé con la mirada-¿Para que me quieres?
-Toma asiento, por favor.
Resignada, me senté.
-Te escucho-comencé a jugar con un adorno que él tenía en su escritorio.
-Bueno, su desempeño en clase últimamente ha sido….deficiente-me dijo muy formal.
-¿YYYY? No soy la peor de la clase. Además…
-Reprobará año-me interrumpió y me miró muy serio.
-¿Qué? ¿Reprobar? ¿Yo? ¡Por favor, George! ¿Cuáles han sido mis calificaciones? Por que si la señorita Fisher te ha dicho, yo nunca le tiré el café cuando…
-¿Le tiraste el café?-me volvió a interrumpir mientras se llevaba la mano a la cabeza y se la sobaba irritado.
-Pues….ella me provocó.
-¿Esa es tu gran excusa?
-Es la verdad-lo miré desafiante-¿Qué materias estoy “reprobando”?-dije haciendo comillas con mis dedos.
-Bueno, matemáticas…
-¡Eso no es justo! La maestra me odia.
-Química…
-El maestro no entiende mis ideas.
-Educación física…
-HA, el maestro no entiende lo que estar LESIONADO significa.
-No fuiste a ninguna clase en este semestre-ahora si se veía enojado. No me importaba.
-Estaba LE-SIO-NA-DA-lo dije lentamente-al parecer tú tampoco sabes que significa, porque si lo supieras….
-Necesitarás un tutor-me soltó de golpe.
-¿Un tutor? George, es enserio ¿Un tutor? Creo que puedo con educación física yo sola. Gracias-dije mientras me ponía de pie.
-Siéntese-me ordenó.
Y yo como una oveja que sigue al rebaño me senté. Haciéndole una mueca de asco.
-El tutor-dijo con una octava de más en la voz-no será para educación física. Será para matemáticas, química, física, español, literatura….
-¿No quieres algo más? ¿Un té en una bandeja de plata? ¿O qué me vista de hawaiana y empiece a bailar en la cafetería?
-Quiero que te apliques y estudies con tu tutor.
-¡Yo no necesito un tutor! Yo sé todo lo que debería saber sobre las materias…
-¿Entonces porque vas tan mal?-me preguntó con su mirada directa en mis ojos.
Volteé la cabeza hacia la ventana y ví como unos pájaros volaban en dirección a su nido.
-______, ¿Qué te pasó? Tú antes….
-Sí, antes. Cambié y no me arrepiento de haberlo hecho.
George suspiró muy hondo.
-Está bien. No me dejas otra opción más que asignarte un tutor.
Me paré y esta vez no me detuvo. Que bueno. Estaba harta de este jueguito de interrupciones.
-Programaré una cita y te hablaré para presentártelo.
Dicho esto, salí por la puerta no sin antes azotarla muy fuerte. La secretaria se me quedó viendo con muy fea cara, pero me dio igual. Salí de la dirección y me encaminé hacia la salida; pero un idiota chocó conmigo. Me llevó hasta el suelo y como mi mochila estaba abierta, todo quedó desperdigado en el piso.
-Fíjate por donde caminas, imbécil-le dije con un tono alto de voz.
-Disculpa, no me fijé por donde venía.
-Sí, me di cuenta.
Estaba de rodillas en el piso, recogiendo mis cosas y guardándolas en la mochila, mientras yo estaba ahí en el piso tirada. Me incorporé y le arrebaté mi libro de historia de sus manos, al igual que mi mochila.
Terminé de meter todo y fue cuando por fin lo pude ver: su cabello obscuro caía perfectamente sobre su frente y sus ojos cafés brillaban como si fueran una estrella propia. Su mandíbula cuadrada le proporcionaba el toque perfecto a todo su rostro. Sus labios esbozaban una pequeña sonrisa, aunque sus mejillas estaban de un intenso color rojo. Vestía una playera negra ceñida, unos jeans azul obscuro y unas botas negras.
Se paró y me tendió la mano para ayudarme a subir. Le hice una de mis famosas muecas de rechazo y me paré yo solita.
-Gracias, pero si Dios me dio manos y piernas en perfectas condiciones las debería usar.
Me di la media vuelta y seguí mi curso hasta la salida.
-¡Dios también me las dio a mí!-escuché como me gritó.
En ese momento quise voltearme y decirle toda una sátira que ya tenía planeada, pero en lugar de eso solo escuché la voz de la secretaria.
-¡__________! ¿Adónde crees que vas?
-A mi casa-le contesté sin voltear.
-Todavía tienes que asistir a tres clases más.
-¿Y?
-Ahora veo porque le director tiene motivos para darte un tutor.-su voz se escuchaba más distante.
Eso fue la gota que derramó el vaso. Me volteé y caminé con un paso firme hasta ella. Sonreía de satisfacción. Cuando la tuve enfrente, ya tenía preparado el escupitajo que le iba a dar.
-Tu salón es 215-Entro a dirección y me dejó sola en el pasillo.
Respiré lo más profundo que pude y me tragué la saliva acumulada en mi boca. Conté hasta diez y me encaminé al salón 215, no sin antes proferir un “¡Argh!”.

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