viernes, 5 de octubre de 2012


Capítulo 7

-¡BOOOOOOOOOOOOO!
Hutcherson me gritó en la cara. Me hice para atrás para evitar que su cuadrada cabezota se estrellara con la mía.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAH! ¿QUÉ TE PASA? Casi me provocas un infarto.
-Lo necesitabas.
-Sí, lo que digas.-le dije alejándome un poco más.
-Bueno….-se enderezó de su asiento y se fue parando poco a poco.-Creo que ya me tengo que ir.
¡GRACIAS A DIOS!
Lo guié hasta la puerta y se la abrí para que pudiera salir.
-Gracias ____________.-me agradeció.
-Sí, sí, sí, de nada.
-¡Bien! Ya estás aprendiendo lo que ser gentil significa.-me sonrió falsamente.
-El sarcasmo y la ironía no van bien contigo.
-Y tú tienes tanto carisma como yo habilidad para insultar.
-Y tú vas aprendiendo cual es tu lugar en este juego.
No me dijo nada, simplemente me dedicó una mueca y salió de la casa.
Estaba a punto de cerrar la puerta cuando ví que se detuvo justo enfrente de su moto. Se llevó las manos a la cabeza. Las frotaba con frustración. La observó un poco más y luego pasó su mano rápidamente por el asiento. Deduje, entonces, que el asiento estaba mojado. Observé como pensaba que hacer y por el rabillo del ojo capté que la toalla con la que se había secado estaba colgada en el perchero. ¿Cómo llegó a ese lugar? No lo sé, de seguro Hutcherson la colocó ahí antes de irse.
Estaba a punto de sentarse cuando algo inesperado pasó:
-¡Espera!-la palabra salió sin que yo lo ordenara, fue algo involuntario.
Hutcherson volteó y se me quedó mirando.
Tomé la toalla del perchero y salí. Troté por el porche y luego por el pequeño sendero que daba a la calle y extendí la mano ofreciéndole la toalla.
-Ten. Luego me la regresas.
Su cara era de sorpresa. Posaba su mirada en mí, luego en la tolla y viceversa.
-Vamos, tómala ¿O qué? ¿Quieres llegar con el trasero mojado?
Me miró receloso, pero finalmente agarró la toalla.
-Gracias-me dijo con una media sonrisa.
Asentí con la cabeza y regresé al interior de la casa. 
Apagué la televisión de sala y acomodé los cojines de los muebles. Me preparé un sándwich con todo lo que pude encontrar en mi refrigerador, me serví un gran vaso de té helado y subí  a mi cuarto.
Me senté en mi cama y prendí la televisión. Conecté mi celular para comenzar a cargarlo. Comencé a comerme mi gran y delicioso emparedado cuando escuché a mi celular vibrar. Lo tomé y vi un mensaje de Adam: “Voy a tu casa a las seis…” Eso era todo. Chequé mi celular y eran las 4:52, me quedaba tiempo.
Terminé mi comida y me metí a bañar; olía a perro mojado….y a Hutcherson.
Me desvestí y entré en la regadera. Abrí el agua caliente y la dejé correr, empapando todo mi cuerpo.
No sé cuanto me tardé, pero la verdad necesitaba un grande y largo baño de agua caliente, para olvidarme de todos los problemas y el estrés de las cosas.
Salí de la regadera en inmediatamente me envolví en mi toalla. Comencé a secarme, empezando por las piernas, seguido del torso y terminando con el cabello.
Caminé hacia el espejo y lo desempañé. Observé mi rostro analíticamente; mi cabeza circular hacia que mi cara se viera regordeta, aunque mi largo y ondulado pelo de color miel disminuía ese efecto. Mis grandes ojos verdes eran lo que más resaltaban de mi cara y debo admitir, que son mi rasgo favorito; siempre me han gustado. Tal vez sea porque no muchas personas tienen este color de ojos y me hace sentir...diferente, pero de una manera especial.
Toda mi vida he oído comentarios de lo bonita que es mi nariz y de lo fina que es, pero yo la odio, siempre la he odiado, por el mismo hecho de que es muy pequeña. También, siempre he escuchado del perfecto cutis de mi cara, y eso sí me lo creo: nunca me salen granitos, ni espinillas ni ese tipo de cosas. Lo único que me molesta de mi piel, son mis rosadas mejillas.
Bufé hacia el espejo con irritación. Casi nunca me quedo viéndome al espejo después de bañarme, y cuando lo hago, siempre termino enojada o triste.
Con un nudo bien ajustado en la toalla, salí del baño.
Caminé hacia mi tocador para tomar un cepillo cuando sentí que alguien me tomaba por la cintura….
-Hola…beb…
-No te atrevas a llamarme así. ¿Quién eres?-dije seca tratando de que mi voz sonara cortante, pero en realidad estaba apunto de temblar.
-¿Qué no conoces mi voz?-me preguntó. Estaba demasiado cerca de mi oído.
¿Quién podría estar en mi casa? Ay claro, que idiota. ¿Cómo no se me ocurrió antes?
-Adam, suéltame-le ordené.
-¿Por qué? Tú sabías que venía…
-Lo que no sabía era la hora.
-Oh, vamos-me giró para poder verlo-No quieres…-movió sus cejas arriba y abajo, intentando seducirme. Si no estuviera enojada con él, se vería condenadamente sexy.
Podía sentir su aliento, y eso me molestaba. Había cruzado la línea, y no iba a permitir que llegara más lento.
 -No-le dije aún más sería, y con unos ojos…
-Yo quiero hacerlo, y tú sabes que quieres.
-¡NO, ADAM!-Intenté separarme, pero él me tomó con más fuerza, acercandome aún más.
-Vamos, estamos solos. Prometo que nadie lo sabrá-se acercó a mi cuello, pero rápidamente me separé de él e inmediatamente me aferré de mi toalla-Lárgate de mi casa.
-________________, por favor-se acercó peligrosamente, y yo daba pasos miedosos hasta atrás.
-¡LÁRGATE! Ni siquiera sé como entraste pero ¡QUIERO QUE TE VAYAS DE MI VISTA AHORA MISMO! O sí no, llamo a la policía.
-HA ¿la policía? ¿Qué cargos harás?
-¿Allanamiento de morada? ¿Intento de viol…
-Yo nunca quise…
-¿NO? ¿seguro? Si no te vas, juro que llamo, y ambos sabemos que no te conviene tener más problemas.
Me vio con una cara de odio y repulsión, pero finalmente se dio media vuelta y se alejó.
-¡Cierra la puerta cuando salgas!-le grité.
No me contestó, simplemente cerró con un portazo.

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