viernes, 7 de diciembre de 2012


Capítulo 16

Los recuerdos invadieron mi mente. No quería recordar. Era demasiado para mí. Pero tan rápido como quise evadirlos, regresaron a mi mente...

FlashBack
Estaba en la pista de hielo. Estaba ansiosa y esperaba a que llegara mi hermana. Allí estaban mis padres, se veían orgullosos por nosotras, por haber llegado tan lejos. Estábamos en una competencia muy importante, si ganábamos, alguna de nosotras podría ir a las eliminatorias y después a las Olimpiadas, tal vez las dos iríamos...
Faltaban tan solo 5 participantes más para el turno de mi hermana...gemela y luego seguía yo.
Estaba demasiada nerviosa. Mi hermana aún no aparecía; pero era normal en ella llegar tarde, aunque siempre a tiempo. Me había dicho que daría una vuelta por el parque antes de la competencia. Esa era su rutina. Siempre cuando estaba nerviosa iba allí, a despejar su mente y estar relajada. Algunas veces la acompañaba, pero esta vez quería dejarla sola. Lo cuál fue un error.
Busqué mi celular entre mis cosas. Lo agarré y la llamé.
-¿Ya vienes?, te estoy esperando-le dije preocupada.
-Sí, sí, sí; ya estoy en camino.
-Bueno, pero no tardes más que ya casi es tu turno.
-Sí. ya sabes que siempre llego a tiempo.
-Como digas-le dije sin darle mucha importancia. Ella odiaba cuando le decía eso, lo cual a mí me daba risa.
Pero antes de que pudiera decirme algo más se escuchó un grito y era ella. Sabía que no estaba jugando. Comencé a gritar su nombre por el teléfono,  convenciéndome a mi misma de que no había ocurrido nada, pero muy dentro de mí sabía que había tenido un accidente. Mis padres se dieron cuenta, y aunque se les veía nerviosos trataban de asegurarme que no había pasado nada. Ellos se fueron en busca de mi hermana y yo me quedé.
Llamaron el nombre de mi hermana una, dos, tres veces; pero sabía que no llegaría. Dijeron mi nombre y tuve que encontrar una gran sonrisa que escondiera las lágrimas que a mis ojos llenaban. Nadie podía saber que algo estaba mal.
Entré a la pista tratando de mantenerme tranquila. Comenzó la música y empecé a hacer mi rutina. Cuando estaba en la mitad, sentí algo inexplicable. Como si algo en mi se hubiera roto. Como si yo fuera un lazo y me hubieran cortado exactamente por la mitad. Como si me hubieran arrancado la vida, pero yo seguía viva. Me sentía incompleta, como si algo me faltara, algo que jamás podría recuperar. En ese momento estaba segura que algo había ocurrido, que sí había tenido un accidente y que aunque me cueste aceptarlo, que solo tal vez, ella había muerto.
No terminé mi rutina, en el momento en el que sentí aquel brutal golpe, me caí. Las lágrimas no me dejaban ver, no podía encontrar la salida.
Todos me estaban viendo y la verdad no me importa, quería quedarme ahí tirada y llorar, gritar, patalear, me quería morir. Finalmente, me levanté, pero para terminar, sino me para huir, para buscar a mi hermana y encontrarla con vida.
Salí de la pista. Todos estaban callados y los presentadores trataban de dar explicación a mi comportamiento. Me acercaba a la salida del edificio cuando mi entrenador me detuvo.
-¿A dónde crees que vas?-me dijo tomando mi brazo.
-No te importa-le dije con la frialdad que nunca había usado para hablar.
-¿Qué no me importa? ¡Acabas de perder un lugar en las Olimpiadas! ¡Y tú hermana también! Si ella estuviera aquí...
-¡No te metas con ella!-exploté-No me importan las Olimpiadas. Súeltame, me tengo que ir.
Estaba perdiendo tiempo, tiempo valioso.
-Haz lo que quieras-me soltó.
Salí corriendo pero al instante me caí. Aún tenía los patines puestos, y no podía caminar con ellos.
-¡Ten tus botas!-me las aventó el entrenador y luego desapareció por las grandes puertas de la entrada. Estaba demasiado molesto, me arrojó las botas con intención de pegarme. Gracias a Dios tenía mala puntería. Las botas cayeron justo al lado de mí.
Me quité los patines lo más rápido que pude y me calcé las botas. Dejé mis patines ahí, en ese momento no me importaba nada.
Corrí por el estacionamiento y seguí corriendo hasta llegar al parque. No sé porque ahí, pero un presentimiento me dijo que tenía que ir a ese lugar. El único pensamiento en mi mente mientras corría era ir y abrazar a mi hermana y decirle lo tonta que había sido por no poner atención y que todo iba a estar bien, porque ella estaba viva, no se podía morir.
Cuano llegué al parque, lo primero que vi fue una ambulancia. La angustia y el miedo me estaban matando lentamente. Luego vi a mis padres: mi papá tenía a mi mamá en sus brazos, parecía destrozada. Giré mi cabeza y vi un carro azul marino, estaba abollado en la parte frontal y al parecer estaba roto del vidrio de adelante. Más adelante, había una patrulla; el oficial que la manejaba estaba anotando en una libreta todo lo que un hombre le estaba diciendo. Hacía moviemientos con sus manos, pero aún así no pude identificar que estaba diciendo. Al parecer, era el dueño del auto.
En seguida, vi como unos paramédicos llevaban en una camilla un bulto cubierto con una bolsa negra.
“No, no esto no podía estar pasando. Tiene  que ser otra persona. No es Amy. Mi hermana está viva.” Me lo repetía una y otra vez.
El tirón regresó, pero está vez fue más fuerte. Casi me tira al piso otra vez, pero logré equilibrarme y quedarme parada. Tenía que ser fuerte, no podía ser débil.
Me acerqué a ellos lo más rápido que pude.
-Déjeme verla-les ordené.
-Señorita, no creo que...
-¡Dejénme verla!-los interrumpí-Se los ruego-mi voz ya sonaba cortada. Tenía un enorme nudo en la garganta y el golpe que sentía no se iba, al contratio, se extendía por todo mi cuerpo.
Los paramédicos destaparon lentamente el cuerpo. Eso fue lo que me hizo derrumbarme: ver mi reflejo magullado, golpeado, ensangrentado, pero lo peor de todo: verlo sin vida.
-¿Amy?-tenía que intentarlo-Amy, por favor contesta. Esto es una broma de muy mal gusto-A ella siempre le había gustado gastarme bromas pesadas. Normalmente siempre se reía, pero ésta vez no había nada. No había risas, no había sonrisas....-¡Amy! Por favor-me avalancé sobre ella y comencé a gritar su nombre. Los paramédicos intentaron separarme, pero yo estaba aferrada al cuerpo inmñovil de mi hermana. Ya no movía su pecho de arriba a abajo, no se sentía la sangre correr por sus venas. Los paramédicos me separaron y por fin lo entendí: aquel tirón significaba que su vida se había escapado de su cuerpo.
Mis piernas no aguantaron más. Caí al suelo y me quedé ahí. Llorando la muerte de mi hermana. Esta vez no había nadie que me viera, no había entrenador que me detuviera, estábamos solo yo y el frío suelo del parque.
Sentí como una mano me tocaba el hombro. No me volteé para ver, sabía que era mi mamá; su suave tacto la delató.
En algún momento me paré del suelo, o me pararon. Solo recuerdo que del piso pasé a estar a unos grandes y calientes brazos, los de mi papá. Él no lloraba, pero yo sabía que quería hacerlo, se hacía el fuerte para mi mamá y para mí. Pero yo no lo necesitaba, lo que necesitaba era a mi mejor amiga de vuelta, necesitaba a ami hermana.
Lo que más tristeza me daba y lo que me hacía llorar aún más era pensar que ni siquiera pudo cumplir su sueño: ir a las Olimpiadas conmigo. Le prometí que alguna de las dos íba a ganar. Le prometí que íbamos a patinar juntas, pero no para ninguna competencia, sino por pura diversión. Le prometí no decirle a mi madre acerca de su novio. Le prometí que iba a ser su dama de honor en su boda, si algún día se llegaba a casar. Le prometí tantas cosas.....y no las pude cumplir. La decepcioné. Decepcioné a mis padres. Pero sobre todo me decepcioné a mi misma, prometiéndoles a cada uno de ellos algo que nunca cumpliría.
Si no le hubiera llamado, tal vez nada hubiera pasado. Yo tenía la culpa de todo. Solo yo y nadie más. Yo y mis ganas de hablarle para saber si ya venía. Yo y mi maldita impaciencia.
El día de su funeral, todos estábamos reunidos en el cementerio: nuestros padres, nuestros amigos, nuestros compañeros. El día estaba nublado, justo como si fuera a llover. Se sentía la tristeza en el ambiente. Todos vestían de negro y las lágrimas decoraban sus cachetes. El sacerdote hablaba y hablaba, pero solo veía sus labios moverse, no podía oír nada de lo que decía. Estaba aturdida, solo escuchaba un zumbido en mis oídos. Para mí esto solo era una pesadilla que nunca iba a terminar.
Luego mi papá habló, tampoco supe que decía, se veía cansado y con ojeras. Después, fue el turno de mi mamá, solo veía sus ojos llorosos y su cara decaída. Finalmente fue mi turno. Me acerqué hacía su ataúd y susurré para mis adentros: " Te prometo que no volveré a fallarte, prometo no volver a patinar hasta que estemos juntas."
No pude más, salí corriendo de allí, tan rápido como mis zapatos de tacón lo permitían. Corrí hasta el parque que ella frecuentaba y me quedé ahí. Pensaba en que ya nunca volvería a ver su rostro, ya nunca le podría dar un abrazo, pero sobretodo, que yo nunca volvería a ser la misma.
Intento olvidarme de ese día con todas mis fuerzas, de enterrarlo entre mis memorias y nunca volverlo a sacar, pero es imposible olvidarlo si cada año temes a que esa fecha llegue, la fecha en la que murió la mitad de tu vida.
Eso fue hace mucho años, pero siento como si hubiera sido ayer.
Fin del FlashBack

Sin darme cuenta, había llegado al parque, a SU parque. Estaba sentada en una banca y tenía frío. Alguien se sentó junto a mí, no vi quien era, pero cuando me hablo, lo supe. Era Josh.
-¿Estas bien?-me preguntó.
-Sí-mentí. Estaba segura de que él sabía que no era cierto. Esta echa pedazos.
-¿Tienes frío?-me volvió a preguntar. Esta vez no esperó mi respuesta y se quitó su chamrra y la puso sobre mis hombros. Acto seguido se acercó más a mí y pasó uno de sus brazos alrededor de mi cuerpo.
Los dos nos quedamos callados. Esperaba que él rompiera el silencio, sin embargo yo lo hice.
-Sabes, creo que arruiné la cita.
Siguió en silencio, solo me daba una mirada de consuelo. Yo sabía que quería que le explicase mi comportamiento. Suspiré y me desahogue, le dije todo. Él simplemente escuchó. Cuando por fin terminé, se volteó para abrazarme y por primera vez en muchos años, me sentí protegida y no me había dado cuenta de lo mucho que extrañana ese sentimiento.
Así estuvimos tal vez 5 minutos, tal vez una hora. No lo sabía pero no quería separarme de él.
Cuando nos separamos. Josh empezó a hablar.
-____________, lo siento mucho, yo no quería....
-Está bien, Josh. No lo sabías.
-Que tal si dejamos atrás lo sucedido y vamos a otro lugar-sugirió Josh después de pensarlo un momento.
-Está bien-nos paramos de la banca-pero esta vez yo elijo el lugar.
Caminamos hasta el auto de Josh.
-Yo conduzco-le dije.
Sin decir más, Josh me dio las llaves y me abrió la puerta.  Me subí a su coche y lo encendí. Puse uno de los cd's de Josh a máximo volumen. Cuando Josh ya se había subido, arranqué el vehículo y conduje sin ningún destino en mente. 

2 comentarios:

  1. es flipante me encanto me puse a llorar escribes muy bien siguelo por que me encanta

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    1. Yo también lloré con este capítulo, que bueno que te haya gustado. Gracias por leer! :)

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