jueves, 26 de diciembre de 2013

Capítulo Final

Seis semanas han pasado desde aquel dramático episodio en el hospital. Un mes y medio y no sé nada de Josh. No sé si estaba enojado, o apenado, o quién sabe. Él no me ha hablado, ni yo a él. Pero sí sé que las operaciones habían sido todo un éxito.
Aunque en realidad no habían sido “operaciones”, mas bien fue como una transfusión de sangre. Cuando me desperté, unas horas más tarde acabada la operación, me explicaron el procedimiento al que fuimos sometidos: primero, y después de estar dormida por el efecto de la anestesia, me colocaron en posición fetal y con un tipo especial de jeringa, sacaron un poco de sangre de mi parte baja de la espalda. Después esa sangre, que contenía mis células madre sanas, fue inyectada en la espalda baja de Josh y listo. Eso fue todo lo que nos hicieron.
Después de que me explicaran todo eso, pregunté por Josh. Habría preguntado antes, pero me desperté un poco aturdida y con todos a mí alrededor preguntándome cosas y dándome explicaciones, no pude hacerlo.
-No ha despertado; pero la operación fue todo un éxito.
¿Entonces por qué no ha despertado? ¿Eso era algo malo? ¿O no tenía nada que ver? Mi cabeza daba demasiadas vueltas y me empezó a doler la cabeza.
-No te preocupes, son algunos de los efectos secundarios del trasplante-me dijo la enfermera cuando le pregunté por qué me dolía tanto la cabeza. Me dio una pastilla y se fue. Me dijo que tenía todo el día “libre” y para “descansar”, como si pudiera descansar cuando no sabía si mi bendita médula estaba haciendo su trabajo o no. 
Decidí ver la televisión; pero no había nada interesante ni entretenido. No tenía mi celular, ni si quiera un maldito libro para leer. Estaba tan aburrida que comencé a contar los azulejos de las paredes. Iba en el 236 cuando el doctor encargado del trasplante entró a mi cuarto y me dijo que si todo seguía bien, podría irme a mí casa mañana mismo. Pregunté por Josh otra  vez.
-Ya despertó,  y aunque tiene dolor de cabeza, está bien.
¿POR QUÉ NO ME PUEDEN DECIR SI EL MALDITO TRASPLANTE ESTÁ HACIENDO SU MALDITO TRABAJO?
Ok, tengo que dejar de maldecir.
Le externé al doctor, de una manera más amable y educada, mi pregunta, a lo que me contestó:
-Todavía es muy temprano para saberlo; pero en cuanto tengamos noticias, serás la primera en saberlo.
Aunque no sería la primera en saberlo (porque obviamente le dirían primero a su familia), por lo menos me dejaron un poco más tranquila….de hecho no. El no saber cuándo tendrían noticias era peor que saber no había despertado o que nadie me contestara.
La incertidumbre me mataría.
Al día siguiente, mi mamá se encargó de todo el papeleo para que pudiera irme del hospital, mientras mi papá me ayudaba a guardar mis cosas, en lo que yo me ponía la ropa limpia que me habían traído de la casa.
La  cabeza me seguía doliendo, y también me dolía la cadera; pero sabía que mi dolor no era nada comparado con lo que Josh sufriría si yo no hubiera donado mi médula…

Ahora, estoy en la pista de patinaje, practicando para la gran competencia a la que tina me metió. Al principio estaba enojada conmigo porque no le dije nada del trasplante, y me dieron reposo de dos semanas (no entiendo para qué si solo me habían metido una aguja en la cadera….), así que por ese tiempo no podía hacer nada que involucrara esfuerzo físico, y eso incluye el patinaje. Cuando me fue a visitar, unos tres días después de llegar a le conté porqué me sometí a la operación y dejó de estar enojada; me dijo que lo que había hecho era algo muy noble y que no había conocido nunca a una persona que fuera capaz de hacer eso.
¿Cómo que nunca había conocido a nadie así? Yo tengo toda una lista de personas que harían lo mismo que  hice con tal de salvarme: mi mamá, mi papá, Avril, Amy (si estuviera aquí), Jo… bueno, al menos pienso que él lo haría.
-¡Muy bien, __________! Haz mejorado muchísimo desde nuestro primer entrenamiento juntas-me dijo Tina cuando terminé mi rutina y la música se detuvo.
-Gracias-dije con una sonrisa. Respiré hondo para tomar el aire que me quitó la rutina; siempre trataba de hacer mi mejor esfuerzo y eso hacía que me quedara sin aire.
-Déjame ir a mi carro para traerte las opciones para tu vestuario. ¡Y también algunos accesorios! Regreso en un instante-y dicho esto, Tina se dio la media vuelta y salió del edificio hacia el estacionamiento.
Yo me quedo ahí, parada en medio de la pista, sin saber qué hacer. Por un instante pienso en quedarme ahí hasta que Tina llegara; luego se me ocurre que me podía ir a sentar a las gradas; sin embargo, finalmente decido hacer algo que, por alguna extraña razón no se me había ocurrido antes: patinar.
Primero empiezo despacio, como si estuviera caminando por una plaza; pero al cabo de unos minutos mi velocidad aumenta y sin darme cuenta, estaba tomando vuelo para realizar un salto. Pierdo el equilibrio y aterrizo fuertemente en él, aunque no me caí.
Hummm…que raro, usualmente mis saltos son impecables.
De repente, una sensación de incomodidad me invade. Siento como si alguien me estuviera viendo… no, eso no puede ser posible, es una práctica privada, la pista está cerrada al público cuando Tina y yo estamos aquí.
Sacudo mi cabeza para quitarme esa idea de la mente y comienzo a patinar otra vez. De nuevo, empiezo lento; pero ahora estoy consciente de la velocidad que llevo. Cuando estoy segura de que llevo un ritmo constante, doblo mis rodillas, me impulso hacia arriba y hago el salto de la vez pasada. Esta vez, caigo perfectamente: suave y firme a la vez.
Sigo patinando, sin embargo, ya no hago saltos, sino que empiezo a patinar como lo hacía cuando era una niña de cuatro años: sin importar si mi postura es la adecuada; con giros torpes de vez en cuando y sin importarme si caigo bien o no…
“¿Por qué Tina no habrá llegado todavía?”, me alerta una voz en mi cabeza.
“No lo sé. Disfruta este momento de libertad y cállate”, la calla otra voz al instante.
Cierro mis ojos y sigo patinando sin importarme nada.
Se siente tan bien: me siento como la persona más libre del universo y nadie me va a poder quitar esta sensación nunca.
Por un momento, todas mis preocupaciones, problemas y pensamientos desaparecieron y en mi mente solo está una melodía feliz. No sé si pertenece a alguna canción; pero esta melodía me llena de euforia y de alegría intensa. Sólo quería seguir patinando y patinando, y no parar nunca.
Y estaba dispuesta a no detenerme; pero la estúpida cerca que delimitaba la pista me detiene y me lleva directo al suelo, no sin haber recibido un golpe en la cabeza.
De la nada, toda la hiperactividad que sentía, se esfuma.
-¡AAAAAAAAAUCH!-digo con un tono de voz un poco alto, aunque sin llegar al grito.
Normalmente, me hubiera molestado haberme golpeado con la cerca, porque, admitámoslo, ¿quién es tan estúpido como para chocar con una cerca de un metro y medio de alto? Pero por alguna razón, no me molesto, ni siquiera me frustro, ni me siento irritada. Sino que me dio risa.
Ahí, tirada en el hielo, comienzo a reírme histéricamente.
-Es bueno saber que tu sentido del humor está intacto.
Mi risa se detiene en seco al oír ese comentario porque conozco esa voz casi tan bien como la mía. ¿Y cómo no la iba a conocer? Pero, ¿por qué está aquí? ¿Qué hace aquí?
Levanto mi cabeza y la giro hacia la derecha solo para comprobar que la voz proviene de la persona en que estoy pensando. Y por supuesto que lo es. Yo no me equivoco cuando a las personas que amo se refiere.
Ahí, parado a unos cuantos metros de mí, está Josh, viéndome con una cara de diversión y confusión mezcladas.
Apoyo mis manos en el hielo para darme impulso y levantarme; sin embargo, me resbalo y vuelvo a caer de espaldas contra el suelo.
Inmediatamente, Josh se acerca para ayudar a levantarme.
-No, estoy bien-le digo levantando mi mano derecha para indicar que no se acercara.
No sé cuánto tiempo le habrán dado de reposo, por eso no quiero que haga algún esfuerzo y se lastime, o le pase algo y lo lleven al hospital de nuevo.
No obstante, Josh me ignora y se agacha para tomar mi brazo derecho y levantarme del frío hielo.
-¿Qué estás haciendo aquí?-le pregunto, pero al juzgar por su cara, creo que soné un poco seca.
-No sabía que te molestaría…-me dice con tono de desánimo.
-No me molesta; solo estaba preguntando…-digo sacudiendo mi pantalón, aunque no tuviera nada que sacudir.
-Andaba por estos rumbos y decidí ir a tu casa; pero me dijeron que estabas en la pista practicando para la competencia, y aquí me tienes.
Se ve tan hermoso con sus manos metidas en los bolsillos de su abrigo color beige y sus mejillas rosadas debido al frío que emana el hielo de la pista.
Ninguno de los dos está viendo al otro, ambos tenemos la vista en otro lado, viendo cualquier cosa que no fuera el otro.
-Oh… ¿y por qué fuiste a mi  casa?-pregunto tratando de no sonar tan seca como la última vez.
Levanto mi cabeza solo un poco para poder observarlo mejor.
-Quería hablar contigo-dice Josh al mismo tiempo que levanta su cara para verme directo a los ojos.
Hablar. Mi actividad favorita.
Sé sobre qué quiere hablar, es obvio; pero no sé si podré soportarlo. Sé que suena ridículo, pero ¿cómo le voy a explicar lo que pasó esa noche y por qué nunca le hablé para saber de él? Cada vez que hablaba a su casa y Michelle me contestaba me preguntaba si quería hablar con él, y yo le decía que no. No sé por qué lo hacía; quería hablar con él, pero había algo dentro de mí que no me dejaba hacerlo. ¿Miedo? ¿De qué? No es como si le hubiera hecho para perjudicarlo, al contrario, lo salvé. 
Tal vez no quería hablar con él porque no podía soportar la idea de que me hubiera ocultado algo tan grande. ¿Por qué lo haría? ¿Pensó que no podría soportarlo? ¿Qué sentiría lástima por él? No soy ese tipo de persona.
Durante todos los meses que estuvimos juntos pensé que yo era la débil, y la que necesitaba de su ayuda; pero estaba equivocada, él era el que necesitaba mi ayuda y yo nunca me di cuenta de que algo estaba mal.
Tal vez era por eso que nunca quise hablar con él, fui demasiado egoísta como para darme cuenta de que él no estaba bien: sus ojos cansados adornados con bolsas grises debajo; su oscuro cabello perdiendo el brillo que lo caracterizaba; su piel pálida cada mes. Fue mi culpa que las cosas hubieran llegado tan lejos. Fui yo la que ocasionó todo este problema. Fui yo y nadie más.
-Oh-repito la expresión que use antes, como si fuera la única palabra en m vocabulario.-Te escucho.
Sé que no debería comportarme así; pero no soy buena en situaciones incómodas que involucran a dos personas sintiéndose mal sobre sus acciones pasadas.
Estoy con mis brazos cruzados, y no es por qué esté enojada o por qué no me importe lo que diga; simplemente los tengo así porque siento como si fueran un escudo protector.
Estúpido, lo sé; pero no puedo evitarlo.
-Okay…uhm….no sé cómo empezar…-Josh levanta su mano y la lleva detrás de su cuello y se lo rasca, para calmar sus nervios.- Perdón.
-¿Qué?-digo con demasiada sorpresa.
No me esperaba un perdón por parte de Josh.
-Me quería disculpar por no habértelo dicho…que tenía leucemia. Sé que estuvo mal…
-Josh…-lo interrumpo levantando mi mano mientras sacudo mi cabeza en señal de desaprobación.-Yo soy la que tiene que pedir disculpas. Yo nunca me preocupé lo suficiente como para notar que estabas mal…
-_____________-ahora, el me interrumpe a mí,-¿Te estás escuchando? Lo que estás diciendo es ridículo.
-Pero yo….-comienzo a hablar de nuevo; sin embargo, Josh me vuelve a interrumpir.
-¿Cómo ibas a preocuparte por mí si yo no te dije nada?
Al oír esas palabras me quedo callada, porque sé que es cierto. No pude cuidarlo porque no sabía que él estaba enfermo. Pero por alguna razón, sigo sintiéndome culpable…debí saberlo…
Bajo mi cabeza de nuevo. Ya no sé qué pensar…
Al parecer, Josh nota que tengo sentimientos encontrados, porque se acerca para tomar mis manos y sostenerlas entre las suyas. Inmediatamente, levanto mi cabeza y detengo mi vista en sus hermosos ojos cafés, llenos de vida a pesar de su condición…
-_____________-comienza-No te dije que estaba enfermo porque-hace una pausa para dejar salir un pesado suspiro-no quería que me tuvieras pena, ni que me vieras como si me fuera a romper en cualquier momento, como lo estás haciendo ahorita.
Bajo mis ojos hacia nuestras manos, la culpa formando lágrimas en ellos.
No quiero llorar. No voy a llorar.
-Josh…-mi voz se quiebra y carraspeo un par de veces para que no vuelva a suceder.-Nunca hubiera sentido pena por ti. Nunca. Estás enfermo, sí; pero no había porque ocultarlo. Pude haberte ayudado desde antes…hubiera hecho cualquier cosa con tal de ayudarte…
Mis ojos no aguantan más el peso de las lágrimas y las dejan caer. Inmediatamente quito mis manos de las de Josh para poder limpiar mis mejillas.
Me prometí no llorar en este momento…
-Pero sí lo hiciste,-Josh me mira con dulzura y una sonrisa grande se dibuja en su rostro, iluminándolo aún más.
No entiendo que quiere decir con “pero sí lo hiciste”, y aparentemente Josh se da cuenta, porque deja salir una pequeña risa y continúa hablando.
-Connor me dijo todo lo que hiciste por mí cuando estuve en el hospital. TÚ te quedaste ahí toda noche esperando noticias. TÚ te sometiste a una operación larga e innecesaria para ti. TÚ donaste tu médula ósea para ayudarme. TÚ me salvaste. Y no solo de mi enfermedad, si no de mi vida. Antes de que tú llegaras, pensaba que estaría condenado a morir joven, porque no podía encontrar nadie que fuera compatible con mi tipo de sangre. Pensaba que moriría sin haber conocido lo que se siente amar de verdad; sin que la otra persona sintiera lástima por mí; o miedo de hacerme enojar o sufrir por miedo a empeorar mi situación. Pensaba que viviría mis últimos pocos años de vida solo, con las miradas de lástima, pena y tristeza de todos los que me rodeaban. Pero después llegaste tú; tú y tu actitud de “odio a todos y no me importa lo que digan”.
Ante este comentario, los dos emitimos una pequeña risa.
-Tú peleabas conmigo y hacías lo que querías…o mejor dicho no hacías nada y me hacías enojar tanto….pero me gustaba. Podrás llamarme loco, pero eras la única que me llevaba la contraria. Decías tu opinión y no te importaba si me enojaba o no. Contigo me sentía como una persona normal; me olvidaba de mi situación y disfrutaba de la irritación que me causaba verte, y eso fue lo primero que me gustó de ti. Después de conocerte un poco mejor, me di cuenta de que eras una persona tan frágil como yo, o tal vez más, y sentí la necesidad de tener que cuidarte. Cuidarte de todo aquel que te quisiera hacer daño. Durante los meses que anduvimos juntos, antes de mi ida al hospital, me sentí mejor que nunca. Mi mamá, mi papá e incluso Connor me decían que el color había vuelto a mis mejillas y que por fin me veía feliz. Todo esto lo confirmó mi doctor cuando fui a mi consulta mensual y dijo que mis análisis nunca habían salido mejor. Tú me salvaste y mi vida no será lo suficientemente larga para agradecértelo.
Creo que lo de no llorar no funcionó. Antes de que Josh terminara, mi cara estaba húmeda por las lágrimas.
No tengo palabras que decir. No puedo hablar. ¿Cómo puedo decir algo después de todo lo que él me dijo? Yo nunca pensé que Josh estaba triste y tan desanimado con respecto a su vida. Nunca pensé que pudiera ser capaz de salvar a alguien. ¿Cómo pude salvar a alguien cuándo yo misma necesitaba a alguien que me salvara? De alguna manera, Josh y yo encontramos la manera de salvarnos mutuamente: de reparar las partes dañadas en nosotros y hacernos regresar a lo que éramos antes.
Nunca supe el efecto que podía tener en una persona hasta el día de hoy. Sabía que Josh tenía cierto efecto en la gente, algo que te hacía querer ser mejor persona; y lo sabía por vi el cambio en mi misma. Josh me había cambiado para bien: me había hecho regresar a mi antigua yo y siempre estaré agradecida con él por eso. Pero nunca creí que yo pudiera tener el mismo efecto en la gente.
Antes de Josh, no me importaba nada ni nadie. Solo me quería ir de este lugar que me traía tantos recuerdos sobre Amy. Antes, ni siquiera podía pronunciar el nombre de mi hermana sin que me dieran ganas de llorar; sin sentir la culpa golpeando en mi pecho. No podía estar cerca de una pista de hielo y mucho menos patinar en ella. Sentía que si lo hacía, estaría traicionando a Amy y a sus sueños.
Pero luego vino Josh, e hizo tal impacto en mi vida que por fin tuve una sensación que deseaba desde hace tanto tiempo: libertad. Era como un pequeño pájaro enjaulado y con el ala rota, esperando el día en que alguien llegara y me liberara de mi tormento. Y esa libertad me la otorgó la persona que menos me lo esperaba; llegó sin aviso y sin permiso, abrió la puerta de mi pequeña jaula y me enseñó a volar. No lo noté al principio, pero ahora que estoy volando muy alto en las nubes, me doy cuenta de que Josh fue, es y será mi salvador.
Estoy en los brazos de Josh antes de si quiera darme cuenta y al instante pego mi cara en su pecho, escuchando con atención los latidos de su corazón. Él aprieta más sus brazos alrededor de mi cintura y susurra en mi oído:
-Te amo ______________, y siempre te amaré.
Mis labios se abren para formar una gran sonrisa; una sonrisa llena de esperanza, alegría y amor.
Sé lo que voy a decir sin siquiera pensarlo; pero aun así, me tomo mí tiempo y suspiro antes de contestarle:
-Yo te amo mucho más.
Y sin decir más, juntamos nuestros labios fusionándolos en un beso; un beso que anhelaba desde hace más de un mes.
Las mariposas que sentía cada que lo veía en su moto por las mañanas regresaron. Mis rodillas de repente se sienten débiles y comienzan a temblar. Mis manos llegaron a su cuello sin que yo se los ordenara y comenzaron a juguetear con su cabello.
Y así, todos nuestros problemas fueron olvidados; nuestros errores cometidos borrados; y nuestros recuerdos amargos olvidados. Aquí y ahora, Josh y yo éramos las únicas personas en el mundo y eso era lo único que importaba.
Nos separamos por un momento para mirarnos directamente a nuestros ojos. Chispas y electricidad llenando la atmósfera.
De repente, me doy cuenta que todo lo que siempre quise estaba  enfrente de mí, viéndome como si fuera lo más hermoso y preciado para él en este mundo, y en este mismo instante decido que nunca lo dejaría ir: nada ni nadie nos podrá separar.
Nunca. 


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¡MUCHÍSIMAS GRACIAS! Gracias a todas aquellas que nos leyeron hasta el final. Hubo un momento en el que no se subía nada, y aun así esperaron los capítulos. Sin ustedes, ésta historia no sería lo que es hoy. Y quien sabe, probablemente ésta historia pueda continuar...

sábado, 5 de octubre de 2013

Capítulo 46

-__________, ___________-escuché.
Poco a poco fui abriendo los ojos. Me di cuenta que estaba en una camilla y mis papás se encontraban sentados justo a mi lado con un rostro muy preocupado. Avril también estaba allí; pero ella se encontraba parada del otro lado de la camilla.
-____________, ¿Cómo te sientes?-preguntó mi mamá.
-¿Qué pasó?-murmuré y nada más emití la pregunta recordé todo...Josh.
Inmediatamente me levanté de la camilla, pero un fuerte dolor en la cabeza me hizo detenerme y sólo me quedé sentada en la orilla de ésta, esperando una explicación.
-Cálmate __________, por el momento sigue estable, pero eso no asegura que vaya a continuar en ese estado. Lo siento mucho, __________- me dijo mi mamá.
Intenté procesar bien la información, pero mi cabeza estaba hecha un lío en este momento.
-Connor y su familia siguen esperando noticias del doctor, justo afuera del cuarto de Josh, por si quieres ir con ellos,-me dijo Avril.
-Puedes ir ____________, nosotros iremos a descansar, llámanos si necesitas algo,-dijo mi papá.
No respondí, me levanté muy lentamente de la camilla y seguí a Avril por los pasillos del hospital, hasta encontrarnos con la familia de Josh.
La mamá de Josh estaba irreconocible: sus ojos estaban hinchados de tanto llorar y, no es por nada, pero se veía diez años mayor de lo que en realidad era. El padre de Josh estaba sentado junto a ella, tratando de consolarla, haciéndose el fuerte, cuando claramente estaba igual de devastado que ella. Connor estaba un poco alejado de ellos y Avril ya estaba a su lado, dándole un abrazo.
Me quedé parada allí incómodamente, no sabía que decir.
-Tú tienes la culpa,-habló la mamá de Josh.
La miré sintiéndome culpable, quizás en parte, sí la tenía.
-Michelle,-dijo el padre de Josh en reprimenda.
-Es la verdad Chris, si no hubiera ido a esa fiesta y se hubiera quedado en casa descansando...-decía como si yo no estuviese allí parada escuchándola culparme.
-En verdad, lo siento,-dije al fin.-No sabía...
-¡Exacto no sabías!-Interrumpió la mamá de Josh.- Si en verdad hubieras sido una buena novia, te hubieras dado cuenta de la enfermedad de Josh,-dijo furiosa.
-Entiendo que ahora se encuentre preocupada por la salud de Josh, pero no arreglará nada el que me esté gritando,-dije lo más educadamente  posible.
-_________ tiene razón, Michelle,-dijo el padre de Josh.
-De todas formas, no la quiero aquí.
-Me quedaré, no aquí, pero estaré en el hospital-dije y me fui hacía la cafetería.
Más tarde después de tomar un café de máquina que sabía asqueroso, vinieron Avril y Connor a acompañarme.
-Siento lo de mi mamá-dijo Connor, después de un rato de estar en silencio.
-No hay problema, sé que no fue su intención.
Nos quedamos unos minutos más en silencio hasta que decidí preguntar.
-¿Por qué no me lo dijo?
-¿Qué?-preguntó Connor confundido.
-¿Por qué Josh no me dijo de su enfermedad?
-Porqué tenía miedo. Tenía miedo a que lo dejaras, o peor, sintieras lástima y por eso estuvieras con él.
-Pero si él me hubiera dicho, tal vez nunca habría pasado esto, es mi culpa.
-No es tu culpa, _________-dijo Avril.
-Esto pudo haber pasado en cualquier momento, ¿Cómo ibas a saber tú?-dijo Connor.
-Pero es que...
-NADA-me interrumpieron los dos al unísono.
-Basta de echarse culpas, nadie la tiene-dijo Connor.
-Mejor vamos de nuevo a la sala de espera, tal vez nos tengan una buena noticia.-dijo Avril.
Nos levantamos y salimos de la cafetería.
Cuando llegamos a la sala de espera, vi a los padres de Josh con  quién probablemente sería el doctor encargado de mi novio.
Avril y yo estuvimos esperando unos minutos hasta que el doctor se retiró y nos acercamos a Michelle y Chris para saber si había alguna mejoría.
-¿Cómo está?-fue Connor quien preguntó.
-No muy bien Connor, necesita un trasplante ya mismo y ni tú, ni nosotros somos compatibles. No pueden hacer más si no encuentran a un donador inmediatamente-dijo Michelle.
-¿Puedo ver si yo puedo donar?-dije inmediatamente.
La mamá de Josh me miró, dándose cuenta de mi presencia.
-Lo siento mucho, ___________. Lo que te dije estuvo mal-dijo la mamá de Josh avergonzada por su comportamiento pasado.
-No tiene por qué disculparse: entiendo que estaba preocupada y sé que lo que dijo no era en serio. 
-En verdad lo siento, ________ y respecto al trasplante de Josh, puedes hacer el análisis para saber si eres compatible; aunque es muy poco probable, nosotros que somos sus familiares no lo somos.
-Ahorita pido permiso a mis padres y hablo con el doctor para hacerme ya los análisis.
-Aquí te esperaremos.
Salí de la sala de espera y me dirigí primero a buscar a una enfermera desocupada, porque al parecer aquí nadie me podía atender.
Cuando al fin vi una enfermera libre me acerqué a ella.
-Disculpe-dije.
-¿Sí?...-me volteó a ver y con su mirada me indicó que continuara.
-Mmmm...Quería saber si podía hacerme un análisis para saber si soy candidata para el trasplante de Joshua Hutcherson.
-Claro, acompáñeme-se detuvo un momento.- ¿Tienes la autorización de tus padres?
 Mierda.
-Claro que sí, justo en este momento me mandaron su respuesta por mensaje…
-Necesitamos más que un mensaje; necesitamos que llenen unos formularios y que firmen unas cuantas autorizaciones. Ese es el proceso cuando eres mayor de edad.
Estúpida mayoría de edad.
-Señorita, no tengo todo el tiempo del mundo como para que mis papás vengan y se tarden una hora en llenar los formularios. Necesito este análisis YA.
-Lo siento, las reglas son reglas.
Mascullé una grosería. ¿POR QUÉ SE TUVIERON QUE IR MIS PADRES?
La enfermera estaba a punto de irse, así que la agarré del brazo.
-¡Espere!
La solté, porque me di cuenta de que la había agarrado muy fuerte.
Desbloqueé mi celular y llamé a mi papá.
-¿Qué pasó, _________? ¿Está todo bien?-contestó inmediatamente, aunque con una voz un poco adormilada.
-Sí, papá. Josh no ha mejorado; pero está estable….papá…
-¿Mmmm?
-¿Me puedo hacer unos análisis?
-¿Análisis? ¿Para qué?
-Pues….Josh necesita un trasplante y nadie de su familia es compatible…
-__________, no lo sé. Tendría que hablarlo con tu mamá…
-No hay tiempo para eso. Papá, sólo me sacarán sangre. Es muy poco probable que sea compatible. Sólo es un análisis.
Le dije para convencerlo. Siempre me han dicho que soy muy persuasiva, así que…
-Está bien, tienes mi permiso para hacerte el análisis.
Por fin sentí un poco de alegría en éste día tan triste.
-¡GRACIAS PAPÁ! Te pondré en altavoz para que repitas lo que me dijiste.
Me despegué el celular de la oreja y pulsé la pantalla para ponerlo en altavoz. Mi padre repitió su autorización y colgué. Tuve que rogarle unos cuantos minutos más a la enfermera para que accediera a hacerme el análisis de manera clandestina; pero al final accedió.
Caminos por los pasillos hasta que llegamos a una de las habitaciones e hizo que me sentara en una de las camillas.
-Solo te sacaré un poco de sangre, no dolerá mucho. 
Claro, como si el "no dolerá mucho" fuera a calmarme. ¿Que no ve que estoy temblando?
Asentí y esperé un momento en lo que preparaba la jeringa.
Me colocó algo parecido a una liga en el brazo y lo apretó muy bien., Poco a poco, y después de lo que parecieron años, presionó la punta de la jeringa en mi brazo y sentí un pequeño y agudo piquete. Cerré mis ojos y esperé a que terminara.
-Listo.
Abrí mis ojos como para comprobar que en verdad hubiera terminado y ¿¡Eso es sangre!? Cerré los ojos de nuevo, no quería ver.
-Ya terminamos, en una hora tendremos los resultados.
Escuché que abrió y cerró la puerta para irse. Volví a abrir los ojos.
Me paré de la camilla y salí de aquel cuarto, en silencio.

--------1 hora más tarde--------

Después de estar muy impaciente en la sala de espera junto a los padres de Josh, Connor y Avril, esperábamos, ya sea nuevas noticias del doctor acerca de la condición de Josh, o mis resultados del análisis.
Cuando ya estaba a punto de contar los azulejos del piso de lo aburrida que estaba, llegó la enfermera.
-Ya tenemos tus resultados-me dijo.
-¿Y qué dicen?-pregunté impaciente.
La verdad, no creía que fuera compatible. Las posibilidades de que eso pasara eran una en un millón, y sería casi milagroso que lo fuera. Pero estaba dispuesta a hacer lo posible para salvar a Josh.
La enfermera guardó silencio un momento, como si fuera host de algún programa de televisión y estuviera a punto de anunciar quien sería eliminado.
-Eres compatible. Podemos programar su operación y la de Joshua Hutcherson para mañana en la tarde. Solo necesitamos las firmas de sus padres para que nos autoricen la operación.
Todos estábamos boquiabiertos. Nadie lo podía creer. Esto era una excelente noticia. YO soy la que es compatible para salvar la vida de Josh; no Michelle, no Chris, ni siquiera Connor, YO.
-Ok-dije finalmente-nada más lleguen les digo lo que tienen que firmar. 
La enfermera sin más que decir, se fue.
-________, en verdad muchísimas gracias-me dijo Michelle.
-No tenemos como agradecerte lo que has hecho y vas a hacer por Josh-me dijo Chris.
-Creo que lo mejor será que vayas a tu casa, hables con tus padres y descanses. Hoy fue un día muy largo y ya son casi las seis de la mañana. Nosotros nos quedaremos aquí y te avisaremos si hay noticias-dijo Connor.
Estaba a punto de decir que no, que me quedaría aquí; pero tenía razón, y no estaba en las condiciones de iniciar una pelea o para estar enojada.
-De acuerdo. Nos vemos más tarde-le dije.
Me despedí de los padres de Josh y de Connor y me fui junto con Avril.
Mi mejor amiga me llevó a mi casa. Todo el trayecto fue en silencio; no quería hablar, no quería hacer nada. Solo quería salvar a Josh.
Me despedía de ella y salí de su auto. Caminé hasta la puerta de mi casa y saqué las llaves para abrirla. Muy silenciosamente entré a mi casa. Más tarde hablaría con mis padres acerca de la operación, primero descansaría un rato.
Subí las escaleras y entre a mi cuarto. Me tumbé en mi cama, sin importar que oliera a hospital, y me quedé profundamente dormida.

--------Muchas horas más tarde--------

Me levanté poco a poco y chequé la hora en mi celular: 2:00pm. Tomé un rápido baño para quitarme la sensación de hospital que seguía y conmigo. Me vestí con lo primero que encontré y salí de mi cuarto, dispuesta a hablar con mis padres. No aceptaría un no por respuesta.
-¡Papá, mamá!-Grité-¿Están en casa?
-¡Abajo!
Bajé las escaleras y después de buscar en la sala de estar y en el comedor, los encontré en la cocina.
Saludé a mis padres, que ya estaban comiendo, y comencé a hablarles de la operación.
-¿Operación? ¡Pensé que sólo serían unos análisis!
-¿Análisis? ¿Te hiciste unos análisis? ¿¡Cómo es que yo no sabía nada de esto!?
Papá y yo le contamos la historia de la llamada telefónica que tuvimos en la madrugada.
-Accedí porque eran sólo unos análisis, y porque sabía muy poco probable que fuera compatible cuando ni siquiera la familia de Josh lo es. No pensé que un milagro fuera a ocurrir.
Un  milagro.
Mi mamá se veía insegura, inquieta y con un poco de miedo.
-No lo sé….
Rogué, y rogué, y rogué hasta que los fui convenciendo. Hubo unas cuantas lágrimas en ese proceso.
Sabía que mis padres accederían, no solo porque así salvaría la vida de ni novio, sino porque sabían que lo haría de cualquier manera, con o sin su permiso.
Después de que ellos acabaron de comer, y me obligaron a mí a comer algo, fuimos al hospital. 
Antes de prepararme para la cirugía, mis padres hablaron con el doctor para saber lo que harían e hicieron varias preguntas. También firmaron los papeles de autorización. Mientras tanto, yo hablaba con los padres de Josh y me dijeron que por el momento no había ninguna mejoría; pero que se mantuvo en el estado que estaba cuando me fui. En otras palabras que no había mejorado, ni empeorado.
Me metieron a un cuartito en el que me desprendí de mis ropas y me puse una bata verde menta que me quedaba un poco grande. Una enfermera me sacó de ahí y me ayudó a subirme a una camilla, en la que me llevaron al quirófano.
Mentiría si digo que estoy totalmente tranquila y que esto no me preocupa en lo más mínimo. Me estaba muriendo.
Después de unos minutos, entró un señor joven, como de unos treinta y tantos, con el pelo negro y altura de 1.80.
-Buenas  tardes, ____________. ¿Cómo te sientes?-me saludó muy educadamente.
“Como mierda, doctor”, tenía ganas de decir; sin embargo, le contesté con un “bien”.
-Me alegro. Muy bien, yo soy el doctor Samuel Jameson, tu anestesista, y como podrás saber, te pondré la anestesia que hará que te duermas en la operación y no sientas nada. Voy a introducir la aguja, y contarás hasta 10, ¿de acuerdo?
Asentí ligeramente y empecé a contar:

1…2…3……..

domingo, 15 de septiembre de 2013

Capítulo 45

Caminé lentamente hacia donde estaba la persona con el celular; la persona que trataba de hacerme la vida miserable.
-Tú-dije; la rabia decorando mis palabras.
¿Cómo es que nunca me di cuenta? ¿Cómo pude ser tan ciega todo este tiempo? ¿¡CÓMO PUDE SER TAN ESTÚPIDA!?
-Mierda-la oí susurrar para sí misma.-_________________, esto no es….
-¿No es lo que creo?-reí sin ganas-Por favor, búscate otra frase.
-_____________, por favor, déjame explicarte-fingía estar arrepentida y humillada; pero yo la conocía lo suficientemente bien como para saber que ella nunca se arrepentía de lo que hacía.
-Deja de fingir que te importo, porque ambas sabemos que no es así.
Decir eso me dolió un poco, porque de verdad pensé que ella era mi amiga y que de verdad significaba algo para ella.
La mirada de Alessa cambió de la de una niña que iba a llorar, a la de un criminal orgulloso de su profesión en un segundo. Una sonrisa maquiavélica se dibujó en su rostro.
-Tengo que admitir que fuiste alguien muy difícil de intimidar al principio; pero cuando mencioné a tu débil noviecito, todo fue mucho más fácil.
Alessa siempre había sido…. (¿Cómo lo puedo poner en buenas palabras?), una perra;  pero nunca pensé que fuera tan cruel y descorazonada.
-¿Por qué?-fue lo único que pudo salir de mis labios.
-Eso es lo que preguntan todos, ¿no? Cuando la heroína por fin descubre quien es él que le estaba haciendo daño siempre preguntan: “¿Por qué me hiciste esto?” Lo que nunca preguntan es: “¿Qué te hice para merecer esto?”
Bueno, por lo menos me consideraba la heroína…
-¿Qué te hice? Alessa, ¿de qué estás hablando?
-Y siempre se hacen las que no saben nada…típicas hipócritas: todos las ven como las inocentes de la historia; pero nunca se preocupan por saber cómo la “buena” de la historia dañó tanto a alguien como para convertirla en alguien tan frío y con obscuras intenciones.
Ok, Alessa tiene que dejar de ver tantas películas…
-Sinceramente no sé de qué me estás hablando.
-¿No? Qué tal si hablamos de Avril, o mejor aún, de Adam.
-¿Avril y Adam? ¿Que tienen ellos que ver aquí?
-Oh, ¿así que no te acuerdas cuando me arrebataste a Avril o cuando mandaste a Adam a la cárcel?-sus ojos estaban llenos de rencor, de ira y sobre todo, de dolor.
-Adam se merece estar ahí, no solo por lo que me trató de hacer, sino por todo lo que hizo antes, y Avril….nunca te la arrebaté, ella no es en juguete con el que puedas hacer lo que quieras.
Alessa rió sin ganas y dio un paso hacia adelante; por un momento pensé que me taclearía y me empezaría a golpear.
-No, tienes razón; pero ella era MI MEJOR AMIGA y tú llegaste con tu historia de la hermana muerta y como ella tiene tan buen corazón se apiadó de ti y te invitó a nuestro grupo. Después, la fuiste alejando poco a poco, hasta que se olvidó totalmente de mí.

Ok, eso fue suficiente. Una cosa es meterse conmigo y decirme a mí lo que sea; pero no permitiré que se metan con mi hermana, eso nunca.
Si ella no empezaba los golpes, yo le daría el primero con mucho gusto.
-No vuelvas a hablar de mi hermana-le advertí con un tono de voz tan seco que no sabía que tenía.-Ya te lo dije, Avril no es de nadie, y además ella todavía te quiere como una de sus mejores…
-Exacto, UNA de sus mejores amigas, no LA mejor.
Oh, ya veo, todo esto era un asunto de celos.
-Pero basta de Avril, eso lo superé hace tiempo.-“JA, sí claro” dije sarcásticamente en mi mente.-Hablemos de la gota que derramó el vaso: Adam.
Adam, apodado “el peor error de mi vida”.
-¿Qué hay con él? ¿Qué hizo?-no me puedo imaginar que pudo haber hecho o que la habrá dicho para que Alessa se enojará tanto conmigo.
-No es lo que hizo él, es lo que hiciste tú.
-¿Yo? Oh, por favor Alessa, ¿ahora me vas a decir que también “te quité” a Adam? 
Los ojos de Alessa perforaban los míos cada vez más fuerte y pude notar como se tensaba cada vez más. 
-Eso fue exactamente lo que hiciste. Él y yo éramos algo; teníamos algo muy fuerte, éramos inseparables. Me atrevo a decir que llegué a amarlo… Mierda, ¡LO AMO! Y llegaste tú con tu cara de mosca muerta y lo engatusaste y te lo llevaste. Y cuando lo metiste a la cárcel….fue lo último para mí. Te odié, te odié como nunca pude odiar a nadie. Junto con Blake, fui a verlo a la cárcel, y él también estaba furioso contigo, y de ahí nació ésta idea de acosarte y mandarte mensajes hasta que no pudieras con la angustia. Era la idea perfecta: destrozarte como nos habías destrozado a nosotros. Pero fuiste un objetivo difícil, y más cuando contaste con el apoyo de Josh. Después del episodio del callejón, el cobarde de Blake dejó la contienda y fui yo la que siguió con todo: las piedras, las amenazas, los sustos. Y hoy, hoy decidí arrebatarte a lo más importante: Josh. Te lo arrebataría tal y como tú me arrebataste a Adam. Le pagué a Alex para que se hiciera el borracho e hiciera lo que quisiera contigo, con tal de separarte de Josh. No pensé que fuera a funcionar tan bien... pero claro, el débil de tu novio…
-Cállate-la interrumpí toscamente.-Cállate. No tienes derecho para hablar así de él. Eres despreciable. Estás llena de rencor y…
-Oh, por favor. No empieces con tus estúpidos sermones; ambas sabemos que no servirán de nada.
Estaba a punto de decirle algo, pero mi parte impulsiva hizo que me abalanzara sobre ella. No la golpeé, pero si le arranqué unas cuantas extensiones y le escupí….solo una vez. Ella se movía debajo de mí, tratando de girarse para poder quedar encima de mí, pero mi agarre sobre ella era mucho más fuerte. Si ésta estúpida pensaba que la dejaría ir sin siquiera un dolor de músculos, estaba muy  equivocada. No sabía que hacer; quería que sufriera, aunque sea solo un poco, por todo lo que me hizo. Quería que supiera que nadie se metía conmigo y mis seres queridos sin pagarlo.
Fue entonces cuando me di cuenta que estaba intentado hacerle exactamente lo que ella me quería hacer a mí: me quería vengar por todo el dolor que me provocó.
Dejé de jalarle el cabello y lentamente me alejé de ella. Mi respiración estaba agitada y el sudor corría por mi nuca.
Justo cuando Alessa se levantaba y se ponía en posición para “atacarme”, Avril se interpuso entre las dos, haciendo a Alessa parar en seco.
-______________, tenemos que irnos.
Miré a Avril con confusión y me quedé quieta esperando a que me dijera algo más. Avril rodó sus ojos y me tomó del brazo; pero antes de jalarlo para llevarme a quien sabe dónde, se dirigió a Alessa y le dijo:
-Si de verdad hiciste todo lo que dijiste, nunca fuiste mi amiga.
Le dimos la espalda a Alessa y mientras comenzábamos  a caminar hacia el lugar que Avril tenía en mente, escuché un ligero llanto que rápidamente se transformó en un lloriqueo desesperado. Y en ese instante, mi parte piadosa sintió pena por ella; pero luego mi parte rencorosa le recordó todo lo que me había hecho y el asco sustituyó la pena.
Avril me dirigió hasta su carro. Me soltó del brazo y le quitó el seguro al vehículo antes de darle la vuelta y meterse por el lado del conductor.
La cara de Avril era inexpresiva: no podía notar si estaba enojada, preocupada, frustrada…. Respiraba tranquilamente mientras metía la llave y encendía el motor. Era extraño verla así, tan mecánica…
Después de que salimos de la cochera de la casa de mi mejor amiga, rompí el silencio que hasta ese entonces habíamos mantenido.
-Avril… ¿a dónde vamos?
-Por si no lo recuerdas, tu novio fue llevado al hospital-el tono de Avril fue frío; helado. Nunca había oído su voz de esa manera.
No lo olvidé. La imagen de Josh seguía viva en mi mente: la cara pálida, los ojos cerrados y la piel fría al tacto. No podía olvidarlo.
-Yo…em…-no sabía que decirle. ¿Estaba enojada conmigo?
-____________, no estoy enojada contigo. Simplemente estoy enojada… y un poco preocupada por Josh.
-¿Sabes qué tiene?-le pregunté. Mi vista fija en su cara.
Me volteó a ver y nuestros ojos mantuvieron el contacto solo por un segundo antes de que volviera a ver la calle; pero en ese segundo supe que ella lo sabía y que no me lo estaba diciendo.
-Avril, dímelo.
-No puedo, ____________. Prometí no decírtelo.
-Espera... ¿Josh te lo dijo a ti y no a mí?
-No me lo dijo él, me lo dijo Connor y me dijo que no te dijera nada. Josh lo haría a su debido tiempo.
Cerré mis ojos y no volví a decir nada durante el resto del camino. No quería decir nada; no tenía ganas de decir algo; no sabía que decir. Había un solo pensamiento en mi mente: Josh.
El carro se detuvo y abrí mis ojos. Estábamos ya en el hospital.
Avril y yo nos bajamos del carro lo más rápido que pudimos y corrimos hasta llegar a la entrada. Una vez dentro, le pregunté a la recepcionista por Josh.
-Lo siento, no puedo darle ninguna información a menos que sea un familiar o el doctor autorice darle la información su novia.
Tenía muchas ganas de golpearla en la cara.
-SOY SU NOVIA. CREO QUE TENGO EL SUFICIENTE DERECHO PARA SABER CÓMO ESTÁ.
-Lo siento, pero no puedo darle información si no es familiar.
-¿Y SI LE DIJO QUE ESTOY CARGANDO A SU HIJO EN MI VIENTRE ME DIRÍA ALGO?
Ante este comentario, la recepcionista se me quedó viendo con unos ojos que decían: Lárgate de mí vista o llamaré a seguridad.
Me alejé lentamente de ahí y me dirigí con Avril, que estaba sentada, acompañada de Connor. ¿Cuándo llegó aquí?
-¿Dónde están tus padres?-le dijo a Connor sin siquiera saludarlo.
-Vienen en camino-fue todo lo que me dijo.
-¿Los familiares de….Joshua Hutcherson? ¿Alguien?-escuché una voz ronca decir.
Al instante salté de mi asiento y me dirigí hacia el señor gordo y canoso que supongo era el doctor que estaba atendiendo a Josh.
-¿Cómo está?-le dije apenas estuve enfrente de él.
-¿Es familiar?-me preguntó.
¿POR QUÉ NO LE PUEDEN DECIR NADA A LOS NO FAMILIARES? ¿QUÉ NO ENTIENDEN QUE TAMBIÉN TIENE PERSONAS CERCANAS A ÉL SIN SER FAMILIA?
-Sí, lo somos-dijo Connor detrás de mí, poniendo una mano en mi hombro izquierdo en señal de apoyo.
El doctor nos miró raro por un momento, pero luego asintió y dijo:
-Temo decirles que su…familiar, no está muy bien….no les mentiré, está muy mal.
Esas palabras hacían que mi corazón se rompiera cada vez más rápido. Tenía ganas de acostarme en el piso en posición fetal y quedarme ahí, sin que nadie me tocara o me hablara.
-¿Cómo está exactamente?-dijo Avril cuando se dio cuenta de que ni Connor ni yo podíamos hablar.
-Bueno, su leucemia hizo que hubiera un colapso…
-¿Su qué?-dije interrumpiendo al doctor.-Por favor, dígame que no dijo lo que yo escuché.
-Bueno, supuse que ya lo sabría: el joven Joshua tiene leucemia.
Mis piernas perdieron toda su fuerza y dejaron de sostener a mi cuerpo. Caí de rodillas sobre el suelo y me lleve las manos a la cara.
“El joven Joshua tiene leucemia”, con esas palabras, mi corazón terminó de romperse y la preocupación y tristeza que había dentro de mí crecieron hasta llenar el último rincón de mi cuerpo.
Antes de empezar a escuchar un zumbido que bloqueaba todo los otros ruidos, escuché al doctor decir:
-Está en un estado crítico, tanto, que puede llegar a perder la vida.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Capítulo 44

-¿Qué es esto?-dije sorprendida.
Vi cómo Josh y Avril se intentaban acercar a mí, pasando a través de la multitud de personas que estaba reunida en casa de Avril.
-Es tu fiesta.-dijo Josh.
-¿Mía?-pregunté desconcertada. 
-Sí, tuya, duuuh.-dijo Avril.
-¿Pero por qué?
-Por qué es tu cumpleaños.-dijo Josh.
-¿En serio?-dije
-No puede ser ________, como puede ser que nunca te acuerdes de tu cumpleaños, siempre es lo mismo cada año.-dijo Avril.
-De todas formas no entiendo por qué me hacen una fiesta sorpresa, saben que las odio.
-Eso díselo a Josh-Dijo Avril.
-Josh...
-Es que, quería hacerte una fiesta y bueno le pedí ayuda a Avril pero ella no quiso, aunque al final si acepto, pero no quería que hiciera algo porqué ella sabe que odias las sorpresas.
-Fue lindo de tu parte hacer esto,-dije señalando el lugar-pero eso no quita que ya no este enojada con ustedes.-les dije.
-Pero__________ no hay razón para que sigas enojada, si toda esta fiesta era lo que te estábamos ocultando.
-Aaaaahhh, ¿Era esto?
-Pues sí, ¿Que creías?-dijo Josh.
-No...nada-dije.
Y yo pensando en cada cosa, no puedo creer que me haya enojado solo porque me ocultaban una fiesta sorpresa, mi fiesta sorpresa.
-Buen ya que quedo todo aclarado, podemos continuar con la fiesta.-dijo Avril.-Por cierto felicidades.-dijo abrazándome.-Más tarde te doy tu regalo.
-Felicidades pequeña-dijo Josh y me dio un beso en los labios.
Avril se alejó de nosotros y Josh y yo nos movimos de la entrada, hacía la cocina de Avril, donde no había casi nadie.
-¿Te gusto?-preguntó Josh.
-A pesar de que no me gustan las sorpresas y de que aquí solo conozco a no más de 20 personas, creo que está bien, solo espero que mínimo la mitad me haya traído un regalo.
-Pero, ¿Te gusto?
-Si me trajeron muchos regalos, sí-Bromeé- Claro que sí Josh, es lindo de tu parte haber pensado en mí y recordar mi cumpleaños, cuando yo ni si quiera lo recuerdo.
-Aun no entiendo como alguien se le puede olvidar.-dijo Josh rodando los ojos.
-Bueno a mí se me olvida, aunque yo tampoco lo entiendo.
-¿Vamos a bailar un rato?-Preguntó Josh, después de unos minutos de silencio.
No le respondí, simplemente lo tomé de la mano y nos dirigimos a la "pista de baile" donde supuestamente estaba la sala de Avril y solo habían movido los muebles para tener más espacio.
Comenzamos a bailar de todo tipo de música, desde unas muy movidas hasta otras lentas. Debo admitir que Josh se lució en la pista, no pensé que bailará tan bien. Incluso mejor que yo.
Después de lo que se sintió como horas de bailar, Josh tomo de mi mano y nos dirigimos a una esquina de la casa donde no había tanta gente y la música estaba menos ruidosa.
-kajksajkdkajd
-¿Qué?-Grité-¡No te escucho Josh! ¡Habla más fuerte!
-¿Qué si quieres algo de beber?-Gritó.
-¡Sí!
-¿Qué?
-¡Qué sí!
Josh se acercó un poco más a mí y es que aunque la música ya no fuera tan ruidosa como en la pista de baile, todavía era difícil escuchar a través de ella.
-Ahorita regreso pequeña, no te muevas de aquí, ya regreso.-dijo Josh cerca de mi oído y se fue.
Me quedé un momento distraída por todo el ambiente, hasta que Alex, un chico de la escuela con quién no me llevo muy bien se acercó a mí.
-¡Hey!-Gritó.
-Hola-dije incómoda.-Mmm...¿Te está gustando la fiesta?-pregunté, ya que no sabía cómo hacerle plática, si no me sentía cómoda hablando con él y menos por la forma en la que me miraba, como si estuviera violándome con la mirada. Por suerte Josh estaría aquí en unos minutos y Alex se alejaría.
-Sí, linda fiesta, sabes me dijeron que estabas esperando a alguien.-dijo acercándose un poco más a mí.
-¿Ah sí?-Me alejé un poco más de él, pero chocaba con la pared.
-Sí, y que ese alguien era yo.
No me dio tiempo de salir corriendo y alejarme de él, porque ya estaba impactando sus labios contra los míos y noté como su aliento apestaba a alcohol, cerré mi boca completamente e intenté alejarlo con mis brazos, hasta que él perdió el equilibrio y cayó al suelo. Me limpié la boca y busqué a Josh con la mirada. Lo vi y tenía una mirada de decepción y enojo.
-¡Josh!-Grité, pero el simplemente se alejó.
Volteé a ver hacía a Alex, pero él ya se había ido. Las ganas que tenía de decirle de cosas, como se atreve a besarme, que asco. Me moví de allí y caminé a la salida de la casa de Avril, por donde se había ido Josh. Salí por la puerta y allí estaba Josh, recargado en el coche de Avril.
-Josh...-comencé.
-¿Qué quieres ________?-dijo Josh en un tono frío.
-Quiero explicarte...-No hay nada que explicar-me interrumpió.-Todo está muy claro, te besaste con Alex.
-No, yo no me besé con Alex, el me beso y yo lo alejé.
-¡Pero lo besaste!-Gritó furioso, jamás lo había visto tan enojado.
Escuché la puerta cerrarse y vi a Avril mirándonos preocupada. Intenté acercarme a Josh pero él se alejó.
-Josh, ya te dije lo que sucedió, yo no lo besé, él me besó a la fuerza.-Dije
-¡Yo los vi!-Gritó
-Josh...-dije, pero él ya estaba en el suelo completamente inconsciente. 
-¡Josh! ¡Josh!-Grité y me acerqué a él, pero él no reaccionaba.
-¡Avril llama a una ambulancia! ¡Rápido!-Avril no contestó, e hice lo que le pedí, agarró su celular y comenzó a marcar los números.
-Josh vamos, despierta.-Dije lo más calmada que pude, moviéndolo un poco, pero nada.
-¡Josh! ¡Vamos despierta!-Grité.
-Calma _________, la ambulancia no tarda en llegar.-me dijo Avril. 

*Minutos después*

Las sirenas de la ambulancia ya se podían escuchar, sentía como si hubieran pasado años desde que Josh se desmayó y él todavía no reaccionaba, se veía demasiado pálido y no sabía qué hacer, solo gritaba y lloraba y lo movía pero no despertaba, Avril intentaba calmarme, pero no podía tranquilizarme.
Al fin la ambulancia llegó e inmediatamente los paramédicos me alejaron de él y comenzaron a checar sus signos vitales. Me quedé en shock cuando comenzaron a darle respiración boca a boca. Solo veía como entre los paramédicos movían sus labios pero no escuchaba ningún sonido, solo observaba como intentaban resucitar a Josh. Hasta que lo subieron a una camilla. Corrí hacía la ambulancia e intenté irme con él.
-Señorita lo siento pero no puede subir-dijo uno de los paramédicos.
Vi como cerró las puertas de la ambulancia y se subió del lado del conductor y se marcharon de prisa.
-Vamos _________ yo te llevo al hospital.-me dijo Avril.
*Brrrrrr brrrrrrr brrrrrrr*
Mi celular vibró y cheque el mensaje que me había llegado.

"Deberías cuidar mejor a tu noviecito. No queremos que se muera ¿O sí?"
-A

Volteé a los lados pero nada, solo estábamos Avril y yo.
No contesté el mensaje, en vez de ello, marqué el número, me iba a escuchar está persona, ya me tenía harta.
Escuché el tono de un celular cerca mío, era apenas perceptible, pero poco a poco subía el tono, busqué con mi mirada hasta donde creí se escuchaba el sonido.

-Tú...

domingo, 25 de agosto de 2013

¡PERDÓN POR EL RETRASO! He estado muy ocupada y no me había dado tiempo de subir este capítulo, pero aquí se los dejo. Esperen muy pronto el siguiente;)


Capítulo 43        

Estaba harta de que la gente me ocultara cosas. Estaba harta de siempre rogar por las respuestas de mis preguntas. ¿¡ERA TAN DIFÍCIL DECIRME DE LO QUE HABLABAN!? ¿Por qué no podían decírmelo si no es nada malo y no me voy a enojar por eso? Sinceramente a veces no entiendo a las personas.
Llegué a mi casa y subí directamente a mi cuarto, sin decir ninguna palabra a mi mamá que estaba en la cocina haciendo quien sabe qué cosa.
Me acosté en mi cama y prendí mi celular. Al instante, me llegaron un montón de notificaciones de llamadas perdidas y mensajes enviados de Avril y Josh. Leí todos y cada uno de los mensajes; decían casi lo mismo: “___________, no te enojes. Sé que no te gusta que no te digamos las cosas, pero vas a ver qué esto te va a gustar.”
Sí aja, me gustará que me oculten las cosas por más tiempo del suficiente. ¡YAY!
Probablemente estoy exagerando, pero si hay algo que ODIO, es que la gente no me quiera decir algo que yo sé que me ocultan. Y sobre todo en estos momentos, cono todo lo de –A y con lo que Josh no me ha dicho, y ahora Avril también se suma a todo este embrollo.
¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH!
Tiré mi celular al celular al suelo, lejos de mi cama. No quería saber nada de nada ni de nadie. Solo me acosté y dejé que Morfeo me llevara lentamente al País de los Sueños.

----------------------------Al día siguiente------------------------------

El solo que se colaba por mi ventana hizo que despertara. Traté de levantarme, pero un fuerte dolor en las articulaciones y músculos hizo que me detuviera; había amanecido en la misma posición en la que me quedé dormida: en posición fetal con un cojín entre los brazos. Respiré hondo y volví a moverme, aunque ésta vez para estirarme. Con un poco de esfuerzo lo logré y poco a poco el dolor por entumecimiento fue desapareciendo.
Era sábado, así que no tenía por qué preocuparme de llegar a tarde a algún sitio. Aparte, no tenía nada planeado que hacer, con Josh y Avril (ellos no eran los enojados, pero aun así, no les iba a hablar) no tenía con quien salir. Podría salir con las chicas, pero tendría que avisarle a Avril, y ahorita no tengo ganas de que esté pidiéndome perdón o que yo le pregunte sobre lo que me está ocultando, (me conozco muy bien, sé que si estoy al lado de ella, empezaré a preguntarle y trataré de sacarle información).
Una vez fuera de la cama y de pie, me dirigí hasta el baño para tomar una ducha. Todavía tenía la ropa del día anterior. Me desvestí y entré a la regadera. Abrí la llave del agua y dejé que ésta corriera fría por mi cuerpo. Me tomó unos quince minutos bañarme; después salí y me vestí con unos pants flojos y una playera que me quedaba un poco grande.
Perfecto.
Estaba a punto de volver a sentarme en mi cama cuando un olor delicioso me llegó. Era dulce, pero al mismo tiempo se mezclaba con uno salado.
Salí de mi cuarto, bajé las escaleras y entré a la cocina para encontrarme con mi mamá y mi papá cocinando tostadas francesas y tocino, respectivamente. Mi desayuno favorito.
-¿Qué está pasando aquí?-pregunté. Nunca antes los había visto cocinar juntos. Solo en fechas importante como Navidad o Año Nuevo.
-¡___________! ¡Buenos días!-me saludó mi papá con un inusual buen humor.
-¿Cómo amaneciste hoy, querida?-preguntó mi mamá.
-Bien…supongo… ¿Qué hacen?
-Haciendo el desayuno, ¿qué no nos ves, tontita?-contestó mi papá.
¿”Tontita”? ¿Qué demonios?
-¿Por qué? ¿Hoy pasa algo importante que no recuerde?
-Simplemente quisimos hacer el desayuno para pasar un momento más en familia. ¿Tiene eso algo de malo?-inquirió mi mamá.
-No, supongo que no-dije no estando muy segura de lo que estaba ocurriendo.
Me senté a la mesa y mis papás sirvieron el desayuno. Tengo que admitir que fue un muy buen desayuno; lleno de bromas y pláticas alegres. Además, las tostadas estaban muy buenas.
Subí a mi habitación para vestirme “más presentable”, según mi madre, porque íbamos a salir a pasear en familia, término poco utilizado en esta casa.
Entré a mi cuarto y abrí el closet para buscar ropa “presentable”, pero no había nada que me atrajera lo suficiente como para ponérmelo en ese momento. Terminé escogiendo unos shorts rosas, una playera azul marino y unos zapatos color beige.
Me cambié de ropa y peiné mi cabello, solo un poco. Tomé mi bolso y ya estaba dispuesta a salirme cuando escuché que la canción de Alicia Keys, “Girl On Fire”, sonaba. Por un momento me quedé pensando de dónde provenía ese sonido y me alarmé pensando que estaba loca; pero recordé que la noche anterior lo había aventado lejos de mí. Me agaché y lo tomé para contestar la llamada, sin ver el número que estaba marcado.
-¡____________! ¡Por fin contestas!-gritó una voz al otro lado de la línea, antes de que yo pudiera decir algo.
Era una voz que yo conocía perfectamente bien.
-Avril-dije en un tono seco.
-Sí, ¿quién más te hablaría?
-No lo sé, gente que me quiera contar las cosas, tal vez.
Mi voz sonó un poco más dura de lo que pretendía. Esto hizo que Avril se quedara callada por un tiempo.
-____________, sé que estás enojada; pero te prometo que si vienes a mí casa hoy a las 7:00, te enterarás de todo.
-¿Y si te digo que tengo todo el día planeado con mis papás?
-________, por favor, ¿Me vas a decir que prefieres pasar el tiempo con tus papás a saber lo que te tengo que decir?  Te conozco demasiado bien.
Rayos. Es cierto. Preferiría mil veces ir para saber lo que me tiene que decir a pasar horas y horas de paseo con mis papás.
-No te prometo nada-le dije.
-Yo sé que vendrás-dijo y colgó al instante.
Sabía que iba a decir eso. 
Bajé las escaleras y junto con mis padres, salí de la casa para pasear.
Primero fuimos a un centro comercial, donde entramos a muchas tiendas de ropa. No sé por qué, pero mi mamá insistía en que necesitaba más ropa, así que me compró todo lo que ella notaba que me gustaba.
Cuando terminamos con todo el shopping, fuimos a comer a Friday’s, en donde me tragué (literalmente) una hamburguesa de pollo y de postre un brownie. Apenas me podía mover saliendo del restaurante.
Después de comer, fuimos al cine a ver Los Ilusionistas. La película estuvo muy buena, no solo por la trama, sino por Dave Franco….muy bueno el actor, y no solo hablo de sus habilidades actorales.
Salimos del cine y ya eran las 7:30 de la noche. Olvidé decirles a mis papás que iría a casa de Avril en la noche y la verdad, no les quería decir, habían sido tan buenos y me habían consentido tanto hoy que me daba un poco de pena decirles que me dejaran en casa de una amiga y destruir con este día familiar tan bello.
Le mandé un mensaje a Avril diciéndole que no podía ir, que mañana iba a su casa y que ahí me dijera todo.
No obtuve respuesta.
Mis papás y yo nos subimos al carro para irnos a la casa. O al menos ahí era a donde yo pensaba que iríamos, hasta que mi padre dio una vuelta a la derecha cuatro cuadras antes de llegar a la casa. Estaba a punto de preguntarles a dónde íbamos, cuando mi padre se detuvo frente a una casa de color melón.
La casa de Avril.
-¿Qué hacemos aquí?-le pregunté a mi papá.
-Aquí hay una sorpresa para ti. Baja y descubre que es-contestó mi mamá por él.
Bien, ahora mis papás también tenían secretos y misterios.
-Pero…-comencé, pero fui interrumpida por la voz de mi papá.
-Solo bájate, ____________. Vendremos por ti a la hora que tú quieras.
¿Se quieren deshacer de mí? Dios, ¿qué está pasando?
Con una cara de preocupación y con un sentimiento extraño en el estómago, me bajé del coche y me dirigí hacia la entrada de la casa. Toqué el timbre y en ese mismo instante la puerta se abrió: todo estaba oscuro, no podía ver nada que tuviera en frente.
-¿Hola? ¿Hay alguien aquí?
De repente, las luces se prendieron y muchas personas saltaron de sus escondites gritando: “¡SOPRESA!”