viernes, 4 de enero de 2013


Capítulo 21

Avril estaba acostada en la cama con una máscara de zombie.
-Eres…una…idiota-las carcajadas me impedían hablar.
-HAHAHAHA-reía Avril mientras se ponía su pijama-Ya puse la película, ve por las palomitas.
-¿Yo? Vas a ir tú-le contesté.
-¿Yo? ¿Por qué yo?
-Porque tú fuiste la que quiso matarme de un susto. Así que tú bajarás por las escaleras y traerás las palomitas.
-Eres mala.
-Cuando quiero serlo…
Avril me hizo una mueca y salió del cuarto. Aproveché ese tiempo para ponerme la pijama. Justo cuando me estaba acostando en la cama, Avril abrió la puerta con las palomitas y dos vasos llenos de refresco. En el brazo izquierdo estaba cayéndose un tazón cubierto con papel aluminio.
-¿Qué tanto traes?-dije parándome de la cama para ayudarla.
-Pues…las palomitas; pero se me ocurrió que tendríamos sed, y como no pienso volver a pararme, agarré refresco. Y cuando venía subiendo me acordé que había unos brownies en la cocina, así que los traje.
-Eres muy considerada…gracias.-dije tomando un brownie.
-De nada-dijo con una sonrisa mientras se sentaba en la cama.-Bueno, ¿de que querías hablarme?
-Es mucho…-le dije con fingida flojera.
-Tenemos toda la noche…-me dijo con entusiasmo.
-De acuerdo.-y empecé a contarle todo: la desastrosa cita con Josh; mi dramática huida de la pista de patinaje hacia el parque; cuando fuimos a la escuela y la segunda cita.
-¡¿YYYYYYYYYYYYYYY?!-preguntó Avril emocionada.
-Y ¿qué?
-No me digas que la cita terminó en un “Buenas noches. Nos vemos en la escuela”.
-Pff…no…
-¿Entonces?
-Entonces ¿qué?
-¡__________________!-Avril estaba desesperada.
-Eso es por el susto.
-¡Pero ya me hiciste bajar por las palomitas!-dijo indignada.
-Créeme, no es nada comparado con lo que mereces.
Avril hizo una cara de perro triste.
-Bueno…ya.-dijo al instante-¿Qué paso?
-Pues…nos besamos…-dije disminuyendo el volumen de mi voz.
-¡LO SABÍA! ¡LO SABÍA!-Avril empezó a brincar en la cama como si fuera una niña pequeña.
-Avril…ya…-estaba un poco apenada.
-¡Sabía que había algo entre ustedes dos! ¡Lo presentía! ¡Mi instinto nunca falla!-me picoteaba el estómago.
-¡Avril, ya! Solo fue un beso…
-No solo un beso…tu PRIMER beso. ¿Cómo te sientes?
¿Cómo me siento? Buena pregunta…no lo sé. No sé cómo me siento. Mi cabeza es un remolino de sentimientos y pensamientos. Son tantos que ni si quiera quiero pensar en ellos.
-Pues…
-Está bien, todo es más confuso con el primer beso.
No le contesté nada más. No tenía nada que contestarle y Avril entendió eso. Puso la película y de un tiempo a otro nos quedamos dormidas.
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-__________......__________....despierta.
Abrí mis ojos lentamente y vi a…
-¿Josh?-¿Sigo dormida? ¿Por qué Josh estaba en la casa de Avril?
-Sí, soy yo.-Estaba hincado a un lado de la cama.
-¿Qué haces aquí?-dije estirando mi brazo derecho para despertar a Avril. Si Josh estaba en su casa ella tenía que saberlo. Empecé a dar golpecitos al colchón para buscar a Avril…no estaba. Empecé a golpear más fuerte. No sentía nada. Me senté en la cama de golpe. Volteé a ver mi lado y, salvo por la comida que estaba regada, la cama estaba vacía. Me empecé a asustar. ¿Dónde estaba Avril? ¿Por qué Josh está aquí?
Por otra parte, Josh estaba muerto de risa ante mi preocupación.
-¡No te rías!-le dije al tiempo que le pegaba con la almohada.
-Está bien…Debes de querer saber que hago aquí…
-¿Cómo lo supiste? ¿Fue mi desesperación o el hecho de que mi mejor amiga no está y tú sí?
-Es algo curioso…-sonreía. Levanté una ceja-Bien…Connor tenía una cita con Avril hoy en la mañana. Algo con un desayuno, yo que sé. El punto es que Avril le habló Connor diciéndole que te quedaste a dormir en su casa y no podían tener la cita. Así que yo me ofrecí para venir a cuidarte mientras ellos tenían su desayuno.
Así que Avril me dejó por su novio ¿ah?…Bueno, mínimo había sido considerada al hablar y cancelar.
-Ay, que considerado…-dije con sarcasmo.
-Tuve que sacrificarme por mi hermanito…
-Pobre de ti.-dije con una falsa sonrisa.
Josh se paró y yo estaba a punto de hacer lo mismo cuando recordé que solo tenía un blusón puesto.
-Salte-le dije a Josh.
-¿Qué pasa?-preguntó curioso-¿No me digas qué…?
-Sí, duermo en calzones ¿Y qué?-dije cubriéndome más con las sábanas. Josh se rió otra vez. Esta vez más fuerte.- ¡SALTÉ!-le aventé la almohada otra vez.
Con una carcajada cerró la puerta.
Me paré y agarré de un cajón de Avril unos los primeros shorts que vi. Después tomé mi celular. Tenía un mensaje…de Avril:
“Sé que me odias…pero me amarás”
Le contesté:
“Me las pagarás.”
Después entré al baño y… ¡Dios mío! Toda yo era un desastre: tenía el cabello enredado y marcas de las sábanas en el cachete, sin olvidar la baba seca en la comisura de los labios. Me lavé la cara y cepillé mi gran cabellera hasta que quedó sin un solo nudo y me la peiné en un chongo alto.
Mientras bajaba por las escaleras, un olor me llegó tan fuerte que casi pude saborear la comida. Aceleré mi paso para llegar hacia abajo y me encontré con Josh cocinando.
-¿Tú? ¿Cocinando?-me senté en la barra.
-Aunque no lo creas.
Apagó la estufa y sirvió unos huevos revueltos en un plato que tenía tocino y una rebanada de pan. Tomó el plato y un vaso con jugo de naranja y lo puso en frente de mí.
-Muchas gracias-tomé un tenedor que estaba situado a un lado del plato y me metí un bocado a la boca. Esta delicioso, los huevos más ricos que he probado…eso, si consideramos que no como unos huevos decentes en años y los míos son más insípidos que el agua.-Sabe asqueroso-dije bromeando. Alejé el plato un poco.-Quiero otros.
-¿Cómo se dice?-Josh me siguió la broma.
-Ahora mismo.
-Oh, no. Con educación o si no, no traeré nada.
Me crucé de brazos y puse cara de puchero, como de niña chiquita. Josh se acercó a mí. Colocó sus manos en mi cintura, forzándome a girar.
-¿Así me vas a tratar?-su cara a centímetros de la mía.
Me encogí de hombros siguiendo en mi papel de niña mimada. Los centímetros entre nosotros iban desaparecieron. Lo miraba fijamente a los ojos, un poco desafiándolo. Solté mis brazos y los puse detrás de su cuello para acercarlo más rápido hacía mí. Sus labios y encontraron los míos y se acoplaron al instante, como si fueran mitades perdidas que acaban de encontrarse. Bajé una de mis manos hacia se pecho para poder sentir sus latidos. Firmes, constantes, suaves. No como los míos: acelerados y fuertes. ¿Por qué me pongo así? ¿Por qué no puedo estar tranquila como él? Me separé de él para contemplarlo. Su cara estaba igualmente tranquila. Una perfecta curva adornaba su cara. Estaba segura de que yo estaba roja como un tomate y mi sonrisa estaba deforme. ¿Por qué cuando estoy cerca de él me vuelvo vulnerable? Nunca me había sentido así: frágil, nerviosa, diferente.
-¿Quieres ir a algún lugar?-me preguntó.
Asentí con la cabeza. Sabía que si hablaba mi voz sonaría con un tono de canción.
-Pero primero-carraspeé-tengo que ir al cuarto de Avril por mis cosas.
-Bien, aquí te espero.
Me bajé de la silla y subí las escaleras lo más rápido posible. Llegué al cuarto de Avril y me llevé un gran susto. Todo estaba tirado: la cama más desordenada de lo que ya estaba; los cajones abiertos y todo su contenido en el suelo. Todo era un desastre. En el escritorio había una flor. No, no solo una flor. MI flor favorita: una orquídea. Me acerqué para tomarla y me di cuenta de que abaja de esta había una nota que leía: “¿Otro chico? Tendré que vigilarte más de cerca…”

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