viernes, 8 de marzo de 2013


Capítulo 29

-Suficiente-dijo Josh. Se escuchaba muy molesto.-Estoy harto de todo esto.-Me arrebato el celular de las manos y marcó un número.
-Josh…-traté de detenerlo estirando mi mano para tomar el celular.
-Shhh-me cayó.
-Por lo menos ponlo en altavoz…-le dije, porque yo ya sabía a quién iba a llamar.
Me miró por un momento. Estaba serio, muy serio. Nunca lo había visto tan serio en mi vida. También estoy muy enojado, si sus ojos fueran cuchillos, ya habría muerto alguien. Desvío la mirada y puso el celular en altavoz.
Sonó…y sonó…y sonó y nos dirigió al buzón de voz. Josh volvió a intentar y ocurrió lo mismo. Llamó una tercera vez y esta vez, hubo respuesta:
-¿Se te ofrece algo?-contestó una vos ronca, obviamente distorsionada.
-Sí, que dejes de molestar a ____________ de una buena vez.-contestó muy seguro y con voz cortante.
Hubo un momento de silencio.
-Oh, Josh…-contestó la voz. Traté de identificarla, pero era muy difícil.- ¡Que grata sorpresa!
-Esto no es nada grato para mí.
-¡Oh, vamos! No seas tan pesimista.
-Déjate de rodeos. Te lo diré una vez y no volveré a repetirlo: Deja a ___________ en paz.
Sonó una risa, una risa maliciosa y arrogante.
-Lamentablemente, eso no podrá suceder.
-¿Por qué no? ¿Qué te ha hecho?
-Mas bien, que no me ha hecho…-contestó irónico.
Sí, está bien. Le hecho bromas pesadas a las personas, pero ninguna que merezca venganza. Me acuerdo de todas las bromas y de todos sus detalles, no fue nada grave ni nada de pudiera ocasionar un trauma permanente.
Josh me miró y levantó una ceja como preguntando “¿de qué está hablando?” Yo solo moví mi cabeza hacia los lados al tiempo que levantaba mis hombros tratando de hacerle entender que no tenía idea.
-Mira, si no nos dejas en paz llamaré a la policía.- ¿Nos? ¿Por qué diría nos? Todo el tiempo estuvo hablando de dejarme a mí en paz…Oh…ya entendí. Dice “nos” porque esto le afecta tanto a él como me afecta a mí.
Se escuchó una carcajada al otro lado de la línea.
-¿Llamarás a la policía? ¿Ese es tu gran plan?
-Sí.
Se escuchó otra carcajada, aún más grande.
-Por favor, ellos no podrán hacer nada.
-¿Por qué no? Podemos ir con ellos y decirles que alguien nos está acosando y darles tu número de celular para que investiguen a nombre de quién está la línea, porque supongo que no fuiste lo suficientemente listo como para poner un nombre falso y otra dirección que no fuera la tuya, ¿o me equivoco?
Hubo otro silencio. Después se escuchó algo raro; se escuchó una voz, esta no estaba distorsionada, pero era muy lejana como para identificarla. La otra voz gritó: “¡Te lo dije, idiota!” Después hubo otro silencio y la voz distorsionada volvió a hablar.
-Mira, Hutcherson….
-No, mira tú-Josh lo interrumpió.-Déjanos en paz o te juro que iremos a buscarte a donde quiera que estés.
-Yo…
-Y le puedes decir a tu compañero que él tenía razón; eres un idiota.
Josh colgó y me devolvió mi celular.
-¿Escuchaste eso?-le pregunté.
-Sí, al parecer no está solo.
-Pueden ser dos o pueden ser más….
-No creo que nos molesten por un largo rato. ¿Crees que sonó lo suficientemente…rudo?
Una risa inundó todo mi interior y amenazaba con salirse de mi boca; pero lo contuve. Josh siempre sabía cómo hacerme reír.
-Sí, sonaste como todo un matón.-le contesté siguiéndole el juego.
-Lo sé, esa será mi profesión: ser matón de los abusivos y defensor de los débiles.
Esta vez no pude evitar reírme.
-Josh, creo que serías un mejor actor...
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Subí las escaleras decida. Ya había llegado aquí, no me iba a ir. Abrí la puerta del Buckner Hall y al instante el frío de la pista de patinaje me inundó. Respiré hondo y cerré la puerta detrás de mí. Esta vez estaba sola. No le había dicho a nadie que iba a venir. Si iba a regresar al mundo del patinaje tenía que hacerlo yo sola, nadie me podría ayudar si no superaba el miedo que tenía. Esto era algo que mi yo misma tenía que controlar. Fui con el señor de la caja, pagué mi boleto y me dieron unos patines de mi número. Esperé unos momentos en la fila y después me tocó entrar. Al principio titubeé y sopesé si debía hacerlo; pero mi voz interna me dijo: “No seas cobarde. Métete a la pista y empieza a patinar.” Suspiré y entré. Esta vez estaba más vacía que la vez anterior; solo había dos parejas patinando y otra persona patinando por su cuenta.
Estuve un momento patinando pegada al barandal, no tenía miedo de caerme, pero no quería “entrar” al centro de la pista todavía. Cuando la pareja se fue y la otra persona también se fue y quedé totalmente sola, fue cuando patiné en el centro. Al principio no hice nada en concreto, solo unas simples vueltas y saltos. Quería calentar un poco para después hacer unas cuantas rutinas. Una canción invadió mi mente en cuanto pensé en una de mis rutinas viejas por hacer.
“And I don’t know how it gets better than this; you take my hand and drive headfirst, fearless…”
La canción de la rutina que nunca terminé. La canción de ese día.
Empecé la coreografía con un salto de vals, un trompo espiral y en un pie con entrada, vuelta de vals, deslizamiento para atrás y para adelante, giros, mojo, tou lup… era increíble cómo podía acordarme de todos los movimientos en el orden que iban y los pudiera realizar como si ayer lo hubiera bailado. Si me metía al concurso tal vez tendría una oportunidad de ganar.
Terminé mi rutina al tiempo que la canción en mi cabeza terminó. La realicé perfectamente: sin caerme, sin movimientos sucios, sin tropiezos ni tambaleos. Justo en el momento en el que bajaba mis brazos y me deshacía de la pose final, unos aplausos sonaron e hicieron eco en el interior de la pista.
-Al parecer no has perdido tu talento sobrenatural….

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