sábado, 3 de agosto de 2013

Capítulo 41

Le dije a Josh que estaba un poco cansada como para salir, así que me dejó en mi casa y me dijo que mañana nos veríamos en la escuela.
El mensaje que recibí me desconcertó un poco. ¿Josh me estaba mintiendo? ¿Por qué lo haría? Él sabe que puede confiar en mí para lo que sea, y que nunca lo voy a juzgar.
No tiene motivos para mentirme. No le he dado motivos para mentirme.
Tal vez no le dije desde un principio que Jake me acosaba; pero eventualmente se lo dije, sin omitir ningún detalle.
No, ____________, no. Josh no te está mintiendo. ¿Por qué deberías creerle a un tipo que no tiene vida propia, así que se dedica a tratar de arruinar la tuya?
Al llegar a mi casa, no cené. Simplemente agarré un gran vaso de leche helada y subí a mi recámara. Me senté en mi cama, observando con detenimiento el celular, como si eso fuera darme las respuestas de todas las preguntas que tenía. Después de un tiempo, lo tomé y decidí contestarle al tal “-A”.
“Josh no me miente. Yo lo sé.”
Después de unos segundos, llegó la respuesta.
“¿Cómo sabes? ¿Estuviste con él ayer para asegurar que estuvo en el hospital?
“¿Y tú sí?”-como me gustaría que pudiera sentir mi mirada de odio.
“Yo tengo mis fuentes, querida, fuentes fidedignas. Te puedo asegurar que Josh no estaba en el hospital. Es más, te puedo asegurar que Josh estaba con alguien más.”
Idiota. ¿¡Cómo se atreve!?
“¿Por qué no te consigues un propia vida en vez de meterte en la mía y en la de mi novio?”
“Querida, no me estoy metiendo en tu vida. YA estoy en ella. Ahora, si me disculpas, tengo cosas más importantes que hacer que estar hablando contigo.  XOXO  -A”
“Eso es Gossip Girl, no Pretty Little Liars. Si vas a usar ideas de algún programa, asegúrate de que sean del mismo.”
No fue un comentario muy hiriente, lo admito; pero debió de molestarle aunque sea un poco, porque ya no contestó nada.
Estoy 100% segura de que Josh no estaba con nadie más, aparte de su familia, claro. Lo único que esta persona quiere es separarme de Josh, obviamente. Pero creo que se lo ha llevado todo un poco al extremo.
Bueno, supongo que cuando se dé cuenta de que sus estupideces no van a poder separarnos, dejará todo este ridículo teatro y me dejara en paz de una vez por todas.
Me quedé acostada en mi cama viendo al techo y dándole vueltas a la situación hasta que me quedé dormida.
Cuando me desperté en la mañana, era muy tarde: eran las 8:05. Ya había perdido la primera hora y parte de la segunda. Me levanté lo más rápido que pude y mientras me vestía y tomaba mis cosas, una serie de palabras muy coloridas y nada apropiadas salían de mi boca.
Salí de mi casa y me dirigí lo más rápido que pude. Llegué al final de la segunda hora, antes de que el tercer maestro llegara.
Entré al salón y todos se me quedaron viendo.
-¿Qué? Como si nunca hubieran llegado tarde en su vida… Excepto tú, Nelly, tú llegaste mucho antes y sin aviso.
Todos rieron ante este comentario porque Nelly era prematura y no había sido planeada por sus papás. Al principio a Nelly le molestaban este tipo de comentarios, pero luego se fue acostumbrando y hasta llegó a reírse de bromas como esta.
Como sea, me dirigí a mi asiento justo cuando el maestro de historia llegó.
-¿Otra vez tarde, __________?-me preguntó cuándo me vió cargando con mi mochila.
-No llegué tarde a su clase, de hecho, llegué antes que usted, así que no tiene por qué decirme nada.
Se lo dije en un tono neutro: ni feliz, ni en tono de broma. Pero a él le pareció irrespetuoso e impulsivo, así que me mandó a la oficina de George.
-¿Qué te trae por aquí? Hace mucho que no venías-me dijo el director al verme entrar.
-Aaaaaw, ¿me extrañaste?-dije mientras caminaba hacia la silla que estaba enfrente de su escritorio para sentarme.
-Ha decir verdad, no. Me alegra que ya no tengas problemas. Creo que fue una buena idea mía ponerte de tutor a Josh.
“Excelente idea, diría yo.”
-Entonces, cuéntame que hiciste esta vez-me dijo George.
-¡No hice nada! El maestro de historia cree que fui irrespetuosa con él. ¡Y eso no es cierto!
-Diferente _________, las mismas excusas.
-¡George! Está vez es enserio. No le falté el respeto.
George se estaba riendo.
-Entonces, ¿por qué te mandó para acá?
-Verás, llegué tarde hoy y él me dijo….
-¿Llegaste tarde? ¿Por qué?
Rayos, creo que tenía que omitir esa parte.
-Bueno…digamos que me quedé un poco dormida.
-_____________-dijo George con tono de reproche.
-¡Es enserio! No quise saltarme las clases. Es solo que con los entrenamientos he estado muy cansada.
-Oh, es cierto. ¿Cómo vas con el patinaje?
-Muy bien, estoy entrenando para un torneo.
-¡Me alegró mucho por ti, ____________! Me alegra que estés empezando a ser la que eras antes.
-Gracias, estoy tratando de hacerlo.
-Bueno, ya te puedes ir. Ya perdiste muchas clases por un día.
-Muchas gracias, prometo que no volverá a pasar.
-Eso espero-me dijo justo antes de que sonara su teléfono y atendiera la llamada.
Salí de su oficina y me dirigí de nuevo al salón, pero cuando vi la hora me di cuenta de que faltaban 10 minutos para que terminara la clase, así que decidí ir al baño y quedarme ahí hasta que la campana tocó indicando la hora del receso.
Abrí la puerta del baño para salirme y fui directo a la cafetería. Como no había mucha gente todavía, la fila que me tocó hacer fui muy corta y salí con una decente porción de comida.
Me senté en una mesa vacía y cuando vi que Avril entraba a la cafetería le hice señas con la mano para que viera donde estaba. Fue por su almuerzo y después se sentó en la mesa a mi lado izquierdo. Al cabo de unos minutos, llegó Josh con su charola.
Me preguntaron porque había llegado tarde y les conté toda la historia. Avril se rió, al igual que Josh, solo que este me dio un pequeño sermón sobre por qué está mal llegar tarde y no contestarle así a los maestros. No le di mucha importancia por qué sabía que lo hacía de broma.
Seguimos hablando un momento sobre cualquier cosa, cuando me di cuenta que Josh abría una cajita blanca de pastillas por debajo de la mesa.
-¿Qué es eso?-le pregunté.
-¿Qué?-me preguntó como si no supiera de qué hablo.
-Lo que tienes en las manos por debajo de la mesa.
-Aaaaah, son unas pastillas para el dolor de espalda.
-¿Para el dolor de espalda? ¿Qué te pasó?
-Pues, en la práctica de fútbol me caí y me lastimé el músculo lumbar. Por eso fui al hospital.
-Pensé que habías ido porque tu mamá había tenido problemas con la presión…-dije haciéndole recordar lo que me había dicho.
-Aaaaah, sí, fuimos por mi mamá y ahí aproveché para decirle al doctor de mi espalda.
-Oh-dije no estando muy convencida.
Al cabo de unos segundos, llegó un mensaje. No me sorprendí en lo absoluto porque ya sabía quién era.
“¿Ya me crees? ¿O tengo que probártelo con otra cosa?

                                                                                              -A”

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