jueves, 26 de diciembre de 2013

Capítulo Final

Seis semanas han pasado desde aquel dramático episodio en el hospital. Un mes y medio y no sé nada de Josh. No sé si estaba enojado, o apenado, o quién sabe. Él no me ha hablado, ni yo a él. Pero sí sé que las operaciones habían sido todo un éxito.
Aunque en realidad no habían sido “operaciones”, mas bien fue como una transfusión de sangre. Cuando me desperté, unas horas más tarde acabada la operación, me explicaron el procedimiento al que fuimos sometidos: primero, y después de estar dormida por el efecto de la anestesia, me colocaron en posición fetal y con un tipo especial de jeringa, sacaron un poco de sangre de mi parte baja de la espalda. Después esa sangre, que contenía mis células madre sanas, fue inyectada en la espalda baja de Josh y listo. Eso fue todo lo que nos hicieron.
Después de que me explicaran todo eso, pregunté por Josh. Habría preguntado antes, pero me desperté un poco aturdida y con todos a mí alrededor preguntándome cosas y dándome explicaciones, no pude hacerlo.
-No ha despertado; pero la operación fue todo un éxito.
¿Entonces por qué no ha despertado? ¿Eso era algo malo? ¿O no tenía nada que ver? Mi cabeza daba demasiadas vueltas y me empezó a doler la cabeza.
-No te preocupes, son algunos de los efectos secundarios del trasplante-me dijo la enfermera cuando le pregunté por qué me dolía tanto la cabeza. Me dio una pastilla y se fue. Me dijo que tenía todo el día “libre” y para “descansar”, como si pudiera descansar cuando no sabía si mi bendita médula estaba haciendo su trabajo o no. 
Decidí ver la televisión; pero no había nada interesante ni entretenido. No tenía mi celular, ni si quiera un maldito libro para leer. Estaba tan aburrida que comencé a contar los azulejos de las paredes. Iba en el 236 cuando el doctor encargado del trasplante entró a mi cuarto y me dijo que si todo seguía bien, podría irme a mí casa mañana mismo. Pregunté por Josh otra  vez.
-Ya despertó,  y aunque tiene dolor de cabeza, está bien.
¿POR QUÉ NO ME PUEDEN DECIR SI EL MALDITO TRASPLANTE ESTÁ HACIENDO SU MALDITO TRABAJO?
Ok, tengo que dejar de maldecir.
Le externé al doctor, de una manera más amable y educada, mi pregunta, a lo que me contestó:
-Todavía es muy temprano para saberlo; pero en cuanto tengamos noticias, serás la primera en saberlo.
Aunque no sería la primera en saberlo (porque obviamente le dirían primero a su familia), por lo menos me dejaron un poco más tranquila….de hecho no. El no saber cuándo tendrían noticias era peor que saber no había despertado o que nadie me contestara.
La incertidumbre me mataría.
Al día siguiente, mi mamá se encargó de todo el papeleo para que pudiera irme del hospital, mientras mi papá me ayudaba a guardar mis cosas, en lo que yo me ponía la ropa limpia que me habían traído de la casa.
La  cabeza me seguía doliendo, y también me dolía la cadera; pero sabía que mi dolor no era nada comparado con lo que Josh sufriría si yo no hubiera donado mi médula…

Ahora, estoy en la pista de patinaje, practicando para la gran competencia a la que tina me metió. Al principio estaba enojada conmigo porque no le dije nada del trasplante, y me dieron reposo de dos semanas (no entiendo para qué si solo me habían metido una aguja en la cadera….), así que por ese tiempo no podía hacer nada que involucrara esfuerzo físico, y eso incluye el patinaje. Cuando me fue a visitar, unos tres días después de llegar a le conté porqué me sometí a la operación y dejó de estar enojada; me dijo que lo que había hecho era algo muy noble y que no había conocido nunca a una persona que fuera capaz de hacer eso.
¿Cómo que nunca había conocido a nadie así? Yo tengo toda una lista de personas que harían lo mismo que  hice con tal de salvarme: mi mamá, mi papá, Avril, Amy (si estuviera aquí), Jo… bueno, al menos pienso que él lo haría.
-¡Muy bien, __________! Haz mejorado muchísimo desde nuestro primer entrenamiento juntas-me dijo Tina cuando terminé mi rutina y la música se detuvo.
-Gracias-dije con una sonrisa. Respiré hondo para tomar el aire que me quitó la rutina; siempre trataba de hacer mi mejor esfuerzo y eso hacía que me quedara sin aire.
-Déjame ir a mi carro para traerte las opciones para tu vestuario. ¡Y también algunos accesorios! Regreso en un instante-y dicho esto, Tina se dio la media vuelta y salió del edificio hacia el estacionamiento.
Yo me quedo ahí, parada en medio de la pista, sin saber qué hacer. Por un instante pienso en quedarme ahí hasta que Tina llegara; luego se me ocurre que me podía ir a sentar a las gradas; sin embargo, finalmente decido hacer algo que, por alguna extraña razón no se me había ocurrido antes: patinar.
Primero empiezo despacio, como si estuviera caminando por una plaza; pero al cabo de unos minutos mi velocidad aumenta y sin darme cuenta, estaba tomando vuelo para realizar un salto. Pierdo el equilibrio y aterrizo fuertemente en él, aunque no me caí.
Hummm…que raro, usualmente mis saltos son impecables.
De repente, una sensación de incomodidad me invade. Siento como si alguien me estuviera viendo… no, eso no puede ser posible, es una práctica privada, la pista está cerrada al público cuando Tina y yo estamos aquí.
Sacudo mi cabeza para quitarme esa idea de la mente y comienzo a patinar otra vez. De nuevo, empiezo lento; pero ahora estoy consciente de la velocidad que llevo. Cuando estoy segura de que llevo un ritmo constante, doblo mis rodillas, me impulso hacia arriba y hago el salto de la vez pasada. Esta vez, caigo perfectamente: suave y firme a la vez.
Sigo patinando, sin embargo, ya no hago saltos, sino que empiezo a patinar como lo hacía cuando era una niña de cuatro años: sin importar si mi postura es la adecuada; con giros torpes de vez en cuando y sin importarme si caigo bien o no…
“¿Por qué Tina no habrá llegado todavía?”, me alerta una voz en mi cabeza.
“No lo sé. Disfruta este momento de libertad y cállate”, la calla otra voz al instante.
Cierro mis ojos y sigo patinando sin importarme nada.
Se siente tan bien: me siento como la persona más libre del universo y nadie me va a poder quitar esta sensación nunca.
Por un momento, todas mis preocupaciones, problemas y pensamientos desaparecieron y en mi mente solo está una melodía feliz. No sé si pertenece a alguna canción; pero esta melodía me llena de euforia y de alegría intensa. Sólo quería seguir patinando y patinando, y no parar nunca.
Y estaba dispuesta a no detenerme; pero la estúpida cerca que delimitaba la pista me detiene y me lleva directo al suelo, no sin haber recibido un golpe en la cabeza.
De la nada, toda la hiperactividad que sentía, se esfuma.
-¡AAAAAAAAAUCH!-digo con un tono de voz un poco alto, aunque sin llegar al grito.
Normalmente, me hubiera molestado haberme golpeado con la cerca, porque, admitámoslo, ¿quién es tan estúpido como para chocar con una cerca de un metro y medio de alto? Pero por alguna razón, no me molesto, ni siquiera me frustro, ni me siento irritada. Sino que me dio risa.
Ahí, tirada en el hielo, comienzo a reírme histéricamente.
-Es bueno saber que tu sentido del humor está intacto.
Mi risa se detiene en seco al oír ese comentario porque conozco esa voz casi tan bien como la mía. ¿Y cómo no la iba a conocer? Pero, ¿por qué está aquí? ¿Qué hace aquí?
Levanto mi cabeza y la giro hacia la derecha solo para comprobar que la voz proviene de la persona en que estoy pensando. Y por supuesto que lo es. Yo no me equivoco cuando a las personas que amo se refiere.
Ahí, parado a unos cuantos metros de mí, está Josh, viéndome con una cara de diversión y confusión mezcladas.
Apoyo mis manos en el hielo para darme impulso y levantarme; sin embargo, me resbalo y vuelvo a caer de espaldas contra el suelo.
Inmediatamente, Josh se acerca para ayudar a levantarme.
-No, estoy bien-le digo levantando mi mano derecha para indicar que no se acercara.
No sé cuánto tiempo le habrán dado de reposo, por eso no quiero que haga algún esfuerzo y se lastime, o le pase algo y lo lleven al hospital de nuevo.
No obstante, Josh me ignora y se agacha para tomar mi brazo derecho y levantarme del frío hielo.
-¿Qué estás haciendo aquí?-le pregunto, pero al juzgar por su cara, creo que soné un poco seca.
-No sabía que te molestaría…-me dice con tono de desánimo.
-No me molesta; solo estaba preguntando…-digo sacudiendo mi pantalón, aunque no tuviera nada que sacudir.
-Andaba por estos rumbos y decidí ir a tu casa; pero me dijeron que estabas en la pista practicando para la competencia, y aquí me tienes.
Se ve tan hermoso con sus manos metidas en los bolsillos de su abrigo color beige y sus mejillas rosadas debido al frío que emana el hielo de la pista.
Ninguno de los dos está viendo al otro, ambos tenemos la vista en otro lado, viendo cualquier cosa que no fuera el otro.
-Oh… ¿y por qué fuiste a mi  casa?-pregunto tratando de no sonar tan seca como la última vez.
Levanto mi cabeza solo un poco para poder observarlo mejor.
-Quería hablar contigo-dice Josh al mismo tiempo que levanta su cara para verme directo a los ojos.
Hablar. Mi actividad favorita.
Sé sobre qué quiere hablar, es obvio; pero no sé si podré soportarlo. Sé que suena ridículo, pero ¿cómo le voy a explicar lo que pasó esa noche y por qué nunca le hablé para saber de él? Cada vez que hablaba a su casa y Michelle me contestaba me preguntaba si quería hablar con él, y yo le decía que no. No sé por qué lo hacía; quería hablar con él, pero había algo dentro de mí que no me dejaba hacerlo. ¿Miedo? ¿De qué? No es como si le hubiera hecho para perjudicarlo, al contrario, lo salvé. 
Tal vez no quería hablar con él porque no podía soportar la idea de que me hubiera ocultado algo tan grande. ¿Por qué lo haría? ¿Pensó que no podría soportarlo? ¿Qué sentiría lástima por él? No soy ese tipo de persona.
Durante todos los meses que estuvimos juntos pensé que yo era la débil, y la que necesitaba de su ayuda; pero estaba equivocada, él era el que necesitaba mi ayuda y yo nunca me di cuenta de que algo estaba mal.
Tal vez era por eso que nunca quise hablar con él, fui demasiado egoísta como para darme cuenta de que él no estaba bien: sus ojos cansados adornados con bolsas grises debajo; su oscuro cabello perdiendo el brillo que lo caracterizaba; su piel pálida cada mes. Fue mi culpa que las cosas hubieran llegado tan lejos. Fui yo la que ocasionó todo este problema. Fui yo y nadie más.
-Oh-repito la expresión que use antes, como si fuera la única palabra en m vocabulario.-Te escucho.
Sé que no debería comportarme así; pero no soy buena en situaciones incómodas que involucran a dos personas sintiéndose mal sobre sus acciones pasadas.
Estoy con mis brazos cruzados, y no es por qué esté enojada o por qué no me importe lo que diga; simplemente los tengo así porque siento como si fueran un escudo protector.
Estúpido, lo sé; pero no puedo evitarlo.
-Okay…uhm….no sé cómo empezar…-Josh levanta su mano y la lleva detrás de su cuello y se lo rasca, para calmar sus nervios.- Perdón.
-¿Qué?-digo con demasiada sorpresa.
No me esperaba un perdón por parte de Josh.
-Me quería disculpar por no habértelo dicho…que tenía leucemia. Sé que estuvo mal…
-Josh…-lo interrumpo levantando mi mano mientras sacudo mi cabeza en señal de desaprobación.-Yo soy la que tiene que pedir disculpas. Yo nunca me preocupé lo suficiente como para notar que estabas mal…
-_____________-ahora, el me interrumpe a mí,-¿Te estás escuchando? Lo que estás diciendo es ridículo.
-Pero yo….-comienzo a hablar de nuevo; sin embargo, Josh me vuelve a interrumpir.
-¿Cómo ibas a preocuparte por mí si yo no te dije nada?
Al oír esas palabras me quedo callada, porque sé que es cierto. No pude cuidarlo porque no sabía que él estaba enfermo. Pero por alguna razón, sigo sintiéndome culpable…debí saberlo…
Bajo mi cabeza de nuevo. Ya no sé qué pensar…
Al parecer, Josh nota que tengo sentimientos encontrados, porque se acerca para tomar mis manos y sostenerlas entre las suyas. Inmediatamente, levanto mi cabeza y detengo mi vista en sus hermosos ojos cafés, llenos de vida a pesar de su condición…
-_____________-comienza-No te dije que estaba enfermo porque-hace una pausa para dejar salir un pesado suspiro-no quería que me tuvieras pena, ni que me vieras como si me fuera a romper en cualquier momento, como lo estás haciendo ahorita.
Bajo mis ojos hacia nuestras manos, la culpa formando lágrimas en ellos.
No quiero llorar. No voy a llorar.
-Josh…-mi voz se quiebra y carraspeo un par de veces para que no vuelva a suceder.-Nunca hubiera sentido pena por ti. Nunca. Estás enfermo, sí; pero no había porque ocultarlo. Pude haberte ayudado desde antes…hubiera hecho cualquier cosa con tal de ayudarte…
Mis ojos no aguantan más el peso de las lágrimas y las dejan caer. Inmediatamente quito mis manos de las de Josh para poder limpiar mis mejillas.
Me prometí no llorar en este momento…
-Pero sí lo hiciste,-Josh me mira con dulzura y una sonrisa grande se dibuja en su rostro, iluminándolo aún más.
No entiendo que quiere decir con “pero sí lo hiciste”, y aparentemente Josh se da cuenta, porque deja salir una pequeña risa y continúa hablando.
-Connor me dijo todo lo que hiciste por mí cuando estuve en el hospital. TÚ te quedaste ahí toda noche esperando noticias. TÚ te sometiste a una operación larga e innecesaria para ti. TÚ donaste tu médula ósea para ayudarme. TÚ me salvaste. Y no solo de mi enfermedad, si no de mi vida. Antes de que tú llegaras, pensaba que estaría condenado a morir joven, porque no podía encontrar nadie que fuera compatible con mi tipo de sangre. Pensaba que moriría sin haber conocido lo que se siente amar de verdad; sin que la otra persona sintiera lástima por mí; o miedo de hacerme enojar o sufrir por miedo a empeorar mi situación. Pensaba que viviría mis últimos pocos años de vida solo, con las miradas de lástima, pena y tristeza de todos los que me rodeaban. Pero después llegaste tú; tú y tu actitud de “odio a todos y no me importa lo que digan”.
Ante este comentario, los dos emitimos una pequeña risa.
-Tú peleabas conmigo y hacías lo que querías…o mejor dicho no hacías nada y me hacías enojar tanto….pero me gustaba. Podrás llamarme loco, pero eras la única que me llevaba la contraria. Decías tu opinión y no te importaba si me enojaba o no. Contigo me sentía como una persona normal; me olvidaba de mi situación y disfrutaba de la irritación que me causaba verte, y eso fue lo primero que me gustó de ti. Después de conocerte un poco mejor, me di cuenta de que eras una persona tan frágil como yo, o tal vez más, y sentí la necesidad de tener que cuidarte. Cuidarte de todo aquel que te quisiera hacer daño. Durante los meses que anduvimos juntos, antes de mi ida al hospital, me sentí mejor que nunca. Mi mamá, mi papá e incluso Connor me decían que el color había vuelto a mis mejillas y que por fin me veía feliz. Todo esto lo confirmó mi doctor cuando fui a mi consulta mensual y dijo que mis análisis nunca habían salido mejor. Tú me salvaste y mi vida no será lo suficientemente larga para agradecértelo.
Creo que lo de no llorar no funcionó. Antes de que Josh terminara, mi cara estaba húmeda por las lágrimas.
No tengo palabras que decir. No puedo hablar. ¿Cómo puedo decir algo después de todo lo que él me dijo? Yo nunca pensé que Josh estaba triste y tan desanimado con respecto a su vida. Nunca pensé que pudiera ser capaz de salvar a alguien. ¿Cómo pude salvar a alguien cuándo yo misma necesitaba a alguien que me salvara? De alguna manera, Josh y yo encontramos la manera de salvarnos mutuamente: de reparar las partes dañadas en nosotros y hacernos regresar a lo que éramos antes.
Nunca supe el efecto que podía tener en una persona hasta el día de hoy. Sabía que Josh tenía cierto efecto en la gente, algo que te hacía querer ser mejor persona; y lo sabía por vi el cambio en mi misma. Josh me había cambiado para bien: me había hecho regresar a mi antigua yo y siempre estaré agradecida con él por eso. Pero nunca creí que yo pudiera tener el mismo efecto en la gente.
Antes de Josh, no me importaba nada ni nadie. Solo me quería ir de este lugar que me traía tantos recuerdos sobre Amy. Antes, ni siquiera podía pronunciar el nombre de mi hermana sin que me dieran ganas de llorar; sin sentir la culpa golpeando en mi pecho. No podía estar cerca de una pista de hielo y mucho menos patinar en ella. Sentía que si lo hacía, estaría traicionando a Amy y a sus sueños.
Pero luego vino Josh, e hizo tal impacto en mi vida que por fin tuve una sensación que deseaba desde hace tanto tiempo: libertad. Era como un pequeño pájaro enjaulado y con el ala rota, esperando el día en que alguien llegara y me liberara de mi tormento. Y esa libertad me la otorgó la persona que menos me lo esperaba; llegó sin aviso y sin permiso, abrió la puerta de mi pequeña jaula y me enseñó a volar. No lo noté al principio, pero ahora que estoy volando muy alto en las nubes, me doy cuenta de que Josh fue, es y será mi salvador.
Estoy en los brazos de Josh antes de si quiera darme cuenta y al instante pego mi cara en su pecho, escuchando con atención los latidos de su corazón. Él aprieta más sus brazos alrededor de mi cintura y susurra en mi oído:
-Te amo ______________, y siempre te amaré.
Mis labios se abren para formar una gran sonrisa; una sonrisa llena de esperanza, alegría y amor.
Sé lo que voy a decir sin siquiera pensarlo; pero aun así, me tomo mí tiempo y suspiro antes de contestarle:
-Yo te amo mucho más.
Y sin decir más, juntamos nuestros labios fusionándolos en un beso; un beso que anhelaba desde hace más de un mes.
Las mariposas que sentía cada que lo veía en su moto por las mañanas regresaron. Mis rodillas de repente se sienten débiles y comienzan a temblar. Mis manos llegaron a su cuello sin que yo se los ordenara y comenzaron a juguetear con su cabello.
Y así, todos nuestros problemas fueron olvidados; nuestros errores cometidos borrados; y nuestros recuerdos amargos olvidados. Aquí y ahora, Josh y yo éramos las únicas personas en el mundo y eso era lo único que importaba.
Nos separamos por un momento para mirarnos directamente a nuestros ojos. Chispas y electricidad llenando la atmósfera.
De repente, me doy cuenta que todo lo que siempre quise estaba  enfrente de mí, viéndome como si fuera lo más hermoso y preciado para él en este mundo, y en este mismo instante decido que nunca lo dejaría ir: nada ni nadie nos podrá separar.
Nunca. 


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¡MUCHÍSIMAS GRACIAS! Gracias a todas aquellas que nos leyeron hasta el final. Hubo un momento en el que no se subía nada, y aun así esperaron los capítulos. Sin ustedes, ésta historia no sería lo que es hoy. Y quien sabe, probablemente ésta historia pueda continuar...